Aquella vez volvió a su pueblo en un coche distinto al que él conducia cada verano cuando iba a pasar sus vacaciones.
Su traje también era distinto; de madera de caoba.
Aquella vez no entró en su casa, todos los que le acompañaban se dirigieron al bosque cercano como él había rogado que se hiciera.
"Quiero que me dejéis al pie del árbol que conserva el columpio en el que me paseaba de niño, allí entre sus raices, él es la única familia que me queda"
Y así fue como el gran músico volvió a sus raices en un frio día de otoño. Pasó el otoño y llegó el invierno, la escarcha y la nieve fueron cambiando la forma del árbol y al llegar la primavera unas delgadas lianas brotaron de una de sus ramas,la rama que tenía el viejo columpio y formaron una especie de arpa.
Dicen los vecinos del lugar que algunas noches se escucha una hermosa melodia que el espíritu del músico interpreta pulsando las lianas, otros dicen que es el viento quién emite esos sonidos a pasar entre ellas. Pero el amor a las raices puede que haga el milagro.
Qué delicadeza de escrito!, conmueve no solo la historia, breve e intensa, sino también la mano tan cuidadosa que ha redactado esas palabras. Mis felicitaciones, es un escrito de gran belleza que crece bello a los ojos desde sus propias raices. Ese arpa, ese músico, esa identidad con la tierra, precioso de veras. Un abrazo