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Una flor y un Diccionario

Una flor lucía radiante dentro de un florero de cristal donde había sido colocada en la mesa de estudio de una biblioteca, allí le hacía compañía un ilustrado diccionario que reposaba encima de la misma mesa. Allí estaba él a veces abierto, a veces cerrado acompañando a la radiante flor que adornaba la mesa.
Con el pasar de los días ambos se hicieron amigos, y pasaban largas horas de conversaciones ilustrativas e ingeniosas las cuales siempre eran comenzadas por el señor diccionario, y continuadas de manera muy interesada por la olorosa flor. El siempre tenía cosas interesantes y nuevas que contarle y ella mientras le escuchaba iba aprendiendo; y a veces cuándo tenia alguna duda, entonces lo interrogaba esperando la respuesta acertada de su sabio amigo, aunque a veces le preguntaba cosas que ella ya sabía, para ver si él se equivocaba en su respuesta, cosa que nunca ocurría, esto sin duda complacía y llenaba de alegría a la flor que se sentía orgullosa de tener un amigo como aquel.
Un día el diccionario y la flor entablaron una conversación:
- Tengo una nueva amiga, le dijo el diccionario
- Yo también, contestó la flor bastante apresurada
- Es una niña, mi dueña, que aunque no me lleva a su colegio, me consulta diariamente para aprender de mí, igual que lo haces tú
- Esa niña se llama Ana, y también es mi amiga, contestó la flor, pues todas las tardes me contempla, me olfatea, y me toca suavemente para que no me marchite.
- Entonces ya somos tres, Tú, ella y yo
- Correcto, respondió la flor, muy contenta de saber que Ana era amiga de ellos dos y que los tres harían una hermosa amistad.

Un día el diccionario estaba cerrado, más silencioso que nunca, aunque tenía muchas cosas que decir, no se atrevía a decir nada, la flor también estaba triste, tan triste que estaba comenzando a marchitarse, Sólo faltaba Ana, que había dejado de visitarlos, y las pocas veces que lo hacía hablaba en tono altanero, con palabras obscenas, parece como si quisiera desafiar al amigo diccionario, a ver quien tenia palabras más hirientes e inapropiadas que se alejaban de una conversación elegante a la cual el diccionario estaba acostumbrado. La niña se había vuelto irritable y mal hablada cosa que también entristecía a la alegre flor que reposaba en el florero.
El diccionario se lamentaba...
- Volveremos a ser dos únicamente, pues ella no nos entiende, ella no sabe que las malas palabras distorsionan el mensaje, le quitan belleza a su expresión oral y la van llenando de vulgaridad mientras pierde su delicadeza, su inocencia y su ingenuidad que tanto nos agradaba... Tendremos que alejarla de nosotros porqué mis palabras no llegan a su boca y las de ella no llegan a mis oídos... Tendremos que volver a ser dos amigos.

Sucedió que Ana que iba entrando a la habitación en el preciso instante en que el diccionario terminaba de hablar, sintió pena por su actitud y tristeza porque con ella estaba perdiendo dos buenos amigos; y entonces decidió mejorar su forma de hablar y eliminar las malas palabras de su vocabulario, para hacer feliz a sus dos amigos, a los cuales llevó dentro de ella para siempre, pues cuando se convirtió en una mujer, cada vez que hablaba, un torrente de palabras hermosas como flores olorosas salían de su boca, con las más perfectas y elegantes conjugaciones verbales y construcciones gramaticales que su amigo diccionario en compañía de su amiga flor le habían enseñado.
Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
  • Media: 5.54
  • Votos: 97
  • Envios: 1
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Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
Lébana
invitado-Lébana 23-06-2004 00:00:00

...flores y palabras hacen una buena combinación. Me gustó mucho. Saludos