Estas palabras son simplemente una llamada a la ternura.
Cuando estés con él, deja la rabia por dentro, que no la vea, deja por dentro las deseperanzas, que no las sienta cercanas, deja apartada de tus pensamientos la desconfianza o tal vez la pena que se escapa en rebeldía por lo que no ha podido ser.
Cuando te hable, sonríe, no con risa ni con bromas fáciles, no como si nada te importara, eso produce alivio momentáneo, nada más, luego distancia los pensamientos, tampoco sonrías con pena como si llorases una desilusión, sonríe con ternura, con paciencia, con ilusión y motivación cariñosa por lo que te está contando. Cuando busque en ti un aliado, una aprobación, actua con serenidad, con comedimiento, no necesita escuchar lo que ya sabe, tampoco necesita afianzar falsas ilusiones, necesita escuchar lo que aún no ha oido. Las palmadas en la espalda no hay que darlas con mentiras sino con esperanzas. Si cree en un sueño... hazle ver que tú crees en su persona, tal vez su sueño sea equivocado, pero él no lo es. Si tiene ilusión desmedida por conseguir metas que se continuan mostrando como inalcanzables, unos sueños que tal vez sobrepasen sus esperanzas de triunfo, hazle sentir que seguir soñando por alcanzar su sueño es ya su mejor triunfo en la vida, que ilusionarse y no desfallacer es en él una buena virtud de la que otros carecen, y que es virtud de mentes fuertes, de mentes elevadas, capaces de hacer muchas cosas. Si se es fuerte para mantener una postura se es fuerte para cambiarla.
Buena suerte amiga.