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El doctor Samuel Smith no era de esos que tuviera opciones de ganar un concurso de popularidad. Era un tipo inteligente y bastante soberbio, de los que siempre hacen todo lo posible para que su interlocutor, fuera quien fuese, entendiese que no estaba a la altura de su nivel intelectual.
Sus empleados no le profesaban un cariño especial, pero lo respetaban por el trabajo que habÃa sido capaz de desarrollar en Athena. Después de una década, los progresos empezaban a ser notables y la renovación de la misión, por otros diez años, era una excelente noticia para todos los que estaban en la nave. Aunque algunos, como Veronica Lars, habÃan tenido que asumir un importante recorte en los fondos que recibÃan para sus investigaciones.
Smith no era sólo un notable cientÃfico, si no que se habÃa revelado también como un excelente gestor.
Contra todo pronóstico, el antipático doctor no sólo habÃa sido capaz de organizar y estructurar todo el trabajo cientÃfico de la misión, si no que habÃa sido muy hábil a la hora de dirigir la vida de la nave. E incluso sus detractores admitÃan que esto no era sencillo cuando una aeronave cuenta en su tripulación con aproximadamente un millar de individuos.
La organización de la nave se habÃa dividido en tres departamentos cientÃficos, coincidentes con las lÃneas de investigación principales. La primera lÃnea correspondÃa con el estudio del ecosistema Alien. Estaba dirigida por el doctor Ray Froome. Smith consideraba que el trabajo de Froome era excelente, pero no se llevaba bien con él. Era consciente de que ambos tenÃan un ego muy grande como para estar en una misma misión y que, tarde o temprano, Froome dejarÃa su puesto.
 La segunda lÃnea de investigación se centraba en el análisis bioquÃmico y patológico de los especÃmenes. Era sin duda el trabajo que más interesaba al doctor Smith y estaba siendo ejecutado de manera impecable por la brillante doctora Veronica Lars.
Aunque los resultados obtenidos y las lÃneas emprendidas eran especialmente prometedoras, este era el departamento que más recursos económicos precisaba y, en cambio, era el que más tardaba en dar resultados concretos. Y Samuel Smith sabÃa que, si en algo se habÃa basado la renovación de la misión, habÃa sido en el hecho de que habÃa conseguido resultados muy concretos que habÃan satisfecho a los patronos. Por eso, y por mucho que lo sintiera, estaba decidido a detraer recursos de esta lÃnea en beneficio de las otras dos en marcha.
Por último, al frente de la tercera lÃnea de investigación se encontraba el asombroso ingeniero Gordon Gunther que tenÃa una impresionante capacidad para transformar resultados de investigación en mecanismos para neutralizar a los xenomorfos. Samuel Smith no lo consideraba un cientÃfico propiamente dicho, pero no podÃa negar que sus resultados eran los que hasta ahora habÃan sido más apreciados por los financiadores de la misión. En especial sus primeros prototipos estaban diseñados para incapacitar e inmovilizar xenomorfos y habÃan tenido una gran acogida en la Federación de Naciones Unidas.
Ahora, con lo que habÃan detraÃdo del departamento de la doctora Lars, tendrÃa el dinero suficiente para que esos diseños se convirtieran en una realidad.
Por último, Athena contaba con dos departamentos adicionales, que estaban encargados uno de la administración y finanzas y el otro de la organización de la vida en el interior de la nave.
El personal se dividÃa en varias escalas, con una estructura piramidal.
En la cúspide se encontraba el propio doctor Smith que tenÃa la última capacidad de decisión sobre todas las actividades y decisiones que hubiera que tomar en la areonave.
En el siguiente nivel inferior se encontraban los jefes de cada uno de los departamentos. Éstos, conjuntamente con el Dr. Smith, componÃan el Consejo de la Nave que era el órgano colegiado donde se consensuaban las principales decisiones. Aunque la voluntad de Smith habÃa de ser cumplida, generalmente éste primero buscaba el consenso mayoritario del Consejo.
En un nivel intermedio, se encontraban los técnicos cualificados de los distintos departamentos y, más abajo, los empleados de la nave o los investigadores que desarrollaban estancias de investigación.
Estos últimos eran generalmente jóvenes cientÃficos que habÃan decidido pasar un mÃnimo de tres años en Athena desarrollando su propio programa cientÃfico. Su trabajo estaba supervisado por los cientÃficos responsables de los diferentes grupos de trabajo y, en última estancia, al jefe de la lÃnea de investigación. Para los jóvenes poder hacer estas estancias en un centro del nivel tecnológico del Athena, suponÃa un trampolÃn excelente para el desarrollo de su futura carrera como investigadores.
Todo el personal de la nave podÃa elegir mediante elección directa a sus representantes en el comité de empresa. Éste era el responsable de transmitir las principales reivindicaciones al Consejo y negociar su puesta en marcha.
Samuel Smith sabÃa que las elecciones ejercÃan un efecto calmante para la tripulación y servÃan para canalizar el descontento que pudiera surgir entre ellos. En una misión como la Athena, que se desarrollaba en el espacio con un alto nivel de exigencia, que los tripulantes vieran que sus voces eran defendidas por sus representantes no era un tema que Samuel Smith considerara menor.
Para favorecer aún más el ambiente, se habÃan tomado diversas medidas para fomentar el esparcimiento del personal.
Cada tres meses se podÃa disfrutar de siete dÃas de asueto en LV-200. Samuel Smith sabÃa que la gente necesita desconectar cada cierto tiempo. Pero la misión estaba por encima de todo, por lo que, para evitar que este sistema de vacaciones supusiera algún problema en la ejecución de los trabajos, se habÃa establecido un riguroso sistema de turnos.
A sugerencia del comité de empresa, se habÃa diseñado un mercado virtual en el que aquellos que no pudieran ejercitar sus permisos, bien por motivos de trabajo, bien porque no tenÃan interés en bajar a LV-200, podÃan vender o intercambiar sus vacaciones al mejor postor a otros. La implantación de este sistema habÃa sido recibida con gran alegrÃa por los miembros de la tripulación del Athena.
También se ponÃa especial énfasis en que la gente se sintiera debidamente retribuida. El departamento de finanzas se encargaba que las nóminas de todo el personal llegaran puntualmente. Y se pagaba muy bien. Weyland-Yutani dotaba de recursos muy generosos a la expedición y todos recibÃan un sustancioso pago extra por peligrosidad, debido al riesgo asociado a la investigación de una especie tan singular como la de los xenoformos.
Samuel estaba satisfecho con cómo funcionaba el aspecto organizativo de la nave. Todo se habÃa diseñado para que todos los trabajadores de Athena estuvieran lo más a gusto posible y no cayeran en la cuenta de que, al fin y al cabo, la misión estaba sometida a una rÃgida estructura de mando, similar a la que existÃa en las misiones militares en las que era un general el que tenÃa la última capacidad de decisión.
Samuel Smith consideraba que Athena era su nave. Y en ella se cumplÃan sus órdenes.
Aquel dÃa, Samuel Smith tenÃa claro cuál era el siguiente paso importante que debÃa dar la misión. Y estaba completamente decidido a imponer su criterio sobre el del Consejo, en especial frente a la opinión del doctor Froome.
Por difÃcil que eso fuera.
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