-¡Mimà ha vuelto, Mimà ha vuelto!-
Gritaban los niños aquel domingo al llegar a la plaza del pueblo.
Ciertamente, Mimà estaba sentada al lado de la fuente como hacÃa en tiempos pasados. Los niños que gritaban no conocÃan a Mimà en persona pero sus padres les habÃan hablado de ella.
Los cuentos de tapas de colores que Mimà habÃa dejado pasaban de una a otra mano y muchos niños habÃan aprendido a leer en ellos. En la escuela habÃa un estanterÃa con sus libros y alrededor de ella dibujos representándola. Allà estaba Mimà con su chaqueta amarilla de muchos bolsillos, sus trenzas con cascabeles en las puntas y sus enormes gafas de sol. Cada dibujo era distinto y todos eran un retrato de MimÃ.
Los niños rodearon a Mimà y ella sin decir nada sacó de su gran bolsa de viaje la trompeta, sonaba un poco cascada pero sus notas llegaron a todos los rincones del pueblo. También los mayores se fueron acercando hasta la fuente. Mimà tocaba, tocaba y el sonido de la trompeta era cada vez más fuerte, hasta que de pronto dejó de sonar.Un remolino de polvo la envolvió y el sol se ocultó por unos momentos. Todos se cubrieron los ojos con las manos, aquello parecÃa un pequeño tornado, se sujetaron unos a otros para no caer.
Cuando el sol volvió a brillar y el remolino de polvo se calmó vieron a Mimà erguida al lado de la fuente, inmovil, con la trompeta en una mano y las anormes gafas en la otra. Una hermosa sonrisa inundaba su cara de piedra. HabÃa vuelto para quedarse con ellos.
Y...colorÃn colorado este cuento se ha acabado y el próximo no ha empezado.
Qué alegrÃa es que vuelvan las personas buenas. Qué hermoso es que existan gentes capaces de llenar de fantasÃa y de magia este mundo. Como Mimà y como todas las hadas que hay por est página. Mimà ha vuelto, Lébana