He recogido todas tus cosas, todos esos pedazos de cariño desparramados por mi habitación, todas esas pequeñas muestras de presencia, de tirones al olvido, todo eran cositas tan pequeñas...algunas no sabes ni que las tengo... lo he recogido todo en una caja y la he posado entre suspiros ahogados en penas al fondo de mi habitación.
Y ahora que ya no veo nada tuyo, ahora que mis ojos no se entretienen en contemplar los retazos de una esperanza que se desvanece por su ausencia en mis ojos, es ahora cuando, sumida en la tristeza de saber que no vendrás a llevarte nada... nada importante para ti, me duelo por dentro imaginando que todos nuestros recuerdos de ese tiempo... caben en una pequeña caja. He tratado de cerrarla, de sellarla y de ponerle un nombre a ese cúmulo de pequeños tesoros que inundaron mi corazón de ilusiones tantas noches y... no puedo, no encuentro ninguna palabra que escrita resuma en letras mi desesperanza, no hallo las fuerzas suficientes, los motivos adecuados, para encerrar mi libertad, la sensibilidad de mis sentimientos.
Y ahí está, abierta pero abandonada en una esquina de mi cuarto mi historia contigo, apenas quiero mirarla. Tú siempre decías que tus pertenencias bien caben en un caja, que no hay que rodearse de muchas cosas, solo de aquellas que te quepan en una maleta para marchar... y ahora, mirando esa pequeña caja, debería pensar que eso es todo lo que fuiste en mi vida, apenas un pequeño hueco anónimo que se puede abandonar en la zona más perdida de una habitación.
Pero esa caja, tan pequeña ella, se ha quedado imantada a mi pensamiento como el tesoro más preciado de tus recuerdos, la siento por dentro, sé el sitio exacto reservado para cada detalle, para cada pedazo de sueño que ya no podré a soñar. Siendo el trocito más pequeño que ahora veo de ti, sabiendo que tu cariño vive en ella... se amplia tanto...en mi memoria, que nunca imaginé que esos objetos metidos en tan pequeño contenedor desbordaran tanto, sin pretenderlo, las abatidas emociones de mi corazón.
Es curiosa la vida, acumulamos viviencias, momentos de pequeña felicidad sin darnos apenas cuenta y cuando todo termina, cuando tenemos el amargo convencimiento de que ya no habrá más detalles para nosotros nos aferramos a los objetos, que de por sí nada son, con tal pasión por no perderlos, que acabamos mimando cualquier forma y color de cariño sabiendo que ya es lo único que nos quedará por acariciar de aquel sueño que vivimos como auténtico y que debe morir ahora injustamente encerrado entre cuatro paredes de cartón.
Si ahora mismo se declarara un incendio, si tuviera que salir atropelladamente de mi casa y empezar mi vida de nuevo, tan solo me detendría unos segundos a recoger esa caja... y con todos esos recuerdos entre mis manos me marcharía, así, segura, protegida y feliz de llevarme abrazados a mi los momentos más cálidos y más dulces de mi pensamiento.