Pasos lentos y pesados me alejan del lugar donde nací por segunda vez; la tierra que me vio reír, y me abrazó tentándome a quedarme aquí, hoy me ve partir al martirio de la desolación que me espera mas allá del mar, donde extrañaré cada rincón, paisaje, anocheceres y amaneceres cobijada al hombre que me volvió a revivir, me entregó las llaves de un baúl vacío, que se fue llenando de momentos hermosos; y es éste el baúl, que hoy pesa en mi marcha, cargado de ti, de nosotros y cerrado para siempre, pues las llaves las tienes tu, y solo se volverá a abrir el día que nos volvamos a encontrar de nuevo.
Ithaisa: ¿A quién se le habrán caído estas llaves? ¿Y aquél cofre?... ¿Tendrá un tesoro? Me acerco… ¡Huele a perfume de mujer! ¡Toc… Toc!... ¿Hay alguien allí dentro? Ithaisa - ¿Eres Joaquín?... Yo - ¡Sí!... ¿Cómo supiste? Ithaisa – Por el acento argentino. - Estaba mirando los recuerdos y me caí dentro. … ¿Podrías ayudarme? Yo – Bueno, ya no me recuerdes… estoy aquí. Ithaisa - ¿Vas a ayudarme a salir o no? Yo - ¡Mejor no! Ithaisa - ¿Por qué no? Yo – Es que quiero meterme también. Ithaisa – Aquí no cabemos los dos… Yo – Uno al lado del otro no… pero hay otra manera. Entro y cierro la tapa. Ella – ¡Ay!... Estás pesado Joaquín. Yo - ¡Oye!... ¿que será esto? Ella – Tú sabes lo que es… ¡Sueltame… quieres? Yo – En realidad… no quiero... Joaquín