sentado en su escritorio miraba el papel en blanco. tenÃa una pluma en su mano derecha, mientras esperaba. habÃa pasado ya muchas horas y el hambre crujÃa en su estomago. dejó la pluma y buscó un vaso con agua, también, tenÃa mucha sed
salió a la calle a pasear. era de noche, y nadie mas que él caminaba por la acera. llegó a un parque y vio a un vago echado como perro bajo un árbol. se acercó y le dio un suave puntapié, querÃa conversar con alguien. la soledad en una noche vacÃa es muy negra
- hola - le dijo al vago - me llamo mon
el vagabundo, aún con los ojos cerrados, comenzó a estirarse como un perro. se levantó tan pesadamente que mon se acercó para ayudarlo.
- ¿qué quieres? - le preguntó el vago - ¿no tendrás un trago?
- no
se veÃa extraño que dos desconocidos se desternillaran en mitad de la noche, pero asà ocurrió. como viejos amigos pasearon hasta el final del parque. de pronto, mon cogió del cogote al vago y empezó a patearlo sin piedad
- oye tu, maldito - vocifero el vago - ¿no éramos amigos?
- no - respondió mon y, siguió pegándole hasta que el vago dejó de chillar, quedándose tieso como un saco de papas
paró de golpearlo, tocó con su Ãndice la yugular del vagabundo, no latÃa, y su dedo se tiñó de sangre caliente
- oye - dijo mon - ¿estás muerto? - el vago no dijo nada - bueno, estás peor que el papel en blanco. dime algo, estoy esperándote
pero el vago no habló y decidió retornar a su casa. cuando llegó, fue a su oficina y se sentó en su escritorio, cogió una pluma y mientras miraba el papel en blanco, siguió esperando. el sonido de un toc-toc-toc, le hizo dejar la pluma como si quemara. fue hacia la puerta y cuando la abrió, encontró al vago con una sonrisa, mirándole fijo a los ojos
- hola maldito - dijo el vago - deseo hablarte un momento
lo hizo pasar y lo llevó a su oficina. lo hizo sentarse a su lado y conversaron; luego, empezó a escribir. cuando terminó, dejó la pluma y los escritos. habÃa amanecido y tenÃa hambre. se paró a desayunar, y cuando iba hacia la cocina, se acordó del vago
- oye, acompáñame a desayunar, te invito - dijo mon sin mirarlo, pero como no escuchó respuesta, volteó malhumorado y, no encontró mas que la ruma de escritos tirados por el piso y una pluma sobre su escritorio, nada mas
MON