Después de comprarme un libro, y antes de entrar al cine, decidí tomarme un té puro, tenía una indigestión... Me senté en una de las lindas mesitas del café, llamé al mozo y pedí una infusión.
Mientras lo tomaba, cogí el libro y me puse a leerlo. De pronto, vi a una muchacha de aires intelectuales que sentó frente a mí, en otra linda mesita. No supe por qué me cautivó su aparición, pues no pude seguir leyendo, olvidándome por entero del film.
Era hermosa, de cabellos leonados y crespos; aunque usaba lentes se apreciaba unos nobles y gatunos ojos verdes que, impiadosa mente, me clavaron su mirada... Tan solo fue un milésimo de segundo, pero, pareció una eternidad. Aquel instante, todo el café se volvió verde a mis ojos. Rezaba que élla, hubiera sentido algo por el estilo, o igual. Eso, tendría que averiguarlo, estaba hechizado…
No supe cuantas tazas de té pedí, mientras la observaba sentada al frente de mí. Todo era mágico… aunque no me miraba más que de reojo… De pronto, la hermosa muchacha llamó al mozo, le pidió la cuenta, pagó y se paró para irse. Mi alma angustiada, me gritaba que le hablara antes que desapareciera de mis ojos.
Ante mi indecisión, ella salió deprisa, y yo, como un trampero, partí tras ella... Ya en la calle, la seguí a la distancia, de vez en cuando ella volteaba, como asegurándose que la siguiera... Mientras la acechaba pensaba en las diversas formas de abordarla, y tomé la decisión que primero, tendría que averiguar el lugar en donde moraba.
Después de caminar cerca de cuatro cuadras, cruzó la vereda y vi que entraba a una bonita casa. Antes de cruzar su puerta, volteó a mirarme… Era de noche, pero sentí un impulso incontenible, y resolví tocar su puerta. Me decía a mi mismo que si lo hacía, ella, jamás podría olvidarme.
Con todo el cuerpo sudado e inflado de bríos, me acerqué a la entrada de su casa, toqué el timbre y escuché: "Ya voy"; era la voz de un anciano. Algo extraño ocurrió, pues todas las fuerzas, impulsos y citas prefabricadas me abandonaron, como las ratas ante el gato... y, quedé solo, estúpidamente solo, preguntándome: ¿qué diablos hacía en la puerta de una desconocida casa a las diez de la noche? Mi cuerpo, lleno de adrenalina, tomó la decisión por mí, pues cuando volví a respirar con tranquilidad, estaba al frente de la casa, oculto tras un árbol, mirando al anciano en el pórtico de una casa, preguntándose: ¿quién diablos habría tocado a semejante hora...?
Era insólito ver aquella familia por las ventanas y los miradores de la casa, preguntándose lo mismo que yo… Para mi alegría, ella, salió por una de los balcones mirando al anciano, y, cautelosamente, al árbol en que yo me escondía. Luego, poco a poco toda aquella familia desapareció tras la casa, menos ella, que siguió mirando el árbol en que me hallaba, y no dejó de hacerlo hasta que apagaron la luz del balcón...
Ya regresando, tuve el impulso por volver a mirarla... Quedé unos segundos tras el árbol, pero el balcón siguió en la oscuridad... Quizás esté oculta, mirándome; pensé. Más tranquilo, cogí mi libro y seguí caminando hacia el cine...
Joe 20/04/04