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Todo empezó el dÃa en que nacieron las hermanas Baena. Era quizás las 3:30 de la madrugada, cuando Ãnabell Ruth, madre de las gemelas, dio a luz en la sala de su casa. Ese dÃa empezó a llover muy fuerte, los árboles se estremecÃan y la brisa golpeaba las puertas de la casa, era como si algo malo acababa de despertar.
Las pequeñas llevaban por nombre Lilith y Sara. Lilith era una niña muy dulce que desde que nació su abuela y su madre se encariñaron con ella; mientras que Sara siempre se comportó de una manera muy extraña.
Ya las cosas no eran igual en la casa de los Baena, por las noches algo muy raro sucedÃa. Se escuchaba el ruido de una pequeña gotera, en la azotea donde Sara guardaba sus juguetes, lo raro de esto era que la mañana siguiente cuando revisaban, no encontraban rastros de agua ni gotera en el techo, pero la gotera seguÃa ahÃ. Es como sentir que alguien está detrás de ti respirándote al oÃdo, pero cuando volteas a ver, no hay nadie.
-   La la la lá, la la la lá, mamá, mÃrame mamá, que me mires maldita perra.
-   Sara no, Sara déjala, hija la estás ahogando.Â
-   Dios mÃo ¿que fue esto?- dijo Ãnabell al despertar.
HabÃa tenido una pesadilla con su hija Sara, o bueno, eso fue lo que ella pensó; sin embargo, querÃa salir de duda y ver a sus perqueñas antes de volver a la cama. Se levantó un poco agitada, tomó un crucifijo, abrió la puerta y empezó a caminar lentamente por el pesillo hasta llegar al fondo de la casa donde se estrellaba con las escaleras que llegaban al cuarto de las niñas. De repente escuchó a un par de personas hablando que decias:
-   Belcebú ¿porqué demoras tanto?
-Â Â Â Lilith hora es ya, necesitan nos entreguen ya
Ãnabell se llenó de miedo, tomó un palo que estaba al lado de las escaleras y empezó a subir muy despacio los escalones, mientras lo hacÃa preguntaba:
-   ¿Sara estás ahÃ?- decÃa Ãnabell RuthÂ
-   ¿Sara eres tú?- insitÃa ÃnabellÂ
Pero nadie respondÃa. Con el crucifijo en la mano izquierda y el palo en la mano derecha, empuja la puerta y prende la luz. Sara estaba sentada en el borde de la cama de Lilith, mirándola fijamente.
-   Sara, ¿Qué haces ahÃ?- le pregunta Ãnabell
-   La la la lá – dice Sara
La madre un poco nerviosa, agarra a Lilith y la acuesta en su pecho, sale corriendo de la habitación, cuando intenta bajar las escaleras, Sara grita y empieza a llorar. La abuela que vivÃa con ellas, se despierta angustiada y corre a la habitación de las niñas. Agarra a Sara y la calma un poco.
Esa mañana la vecina de al lado llama al teléfono de la casa de las Baena y Ãnabell contesta. La vecina le dice que Lilith es un demonio, que por la noche sus dos perros se le murieron y la ultima persona que estuvo jugando con ellos fue Lilith.
Ãnabell piensa que su vecina confundió a las niñas, desesperada y con mucho miedo, toma el carro y sube en él a Sara.
-  ¿A dónde me llevas mamá?- pregunta Sara
-  A donde tus amigos, con los que hablas todas las noches- añade Ãnabell
-  No tengo amigos, ellos son amigos de Lilith- replicó Sara
La madre paró el carro en el borde de un abismo, cerró las puertas del carro con Sara adentro, empujó al carro al abismo, gritando y llorando corrió hasta su casa, su madre le preguntó por Sara y ella solo dijo: maldita sea, ya Sara no está aquÃ. Subió las escaleras, entró a la habitación de las niñas y ahà estaba Lilith, hablando un lenguaje que Ãnabell ignoraba. Solo se lograban entender algunas cosas como: Belcebú, entregué ya, Azrael Sara se vá, madre una perra, la, la, la, lá, la, la, la, lá.
Ãnabell empezó a temblar, tomó el arma que guardaba su padre cuando estaba vivo y nuevamente subió a la habitación y llamo a Lilith, la pequeña que estaba sentada en el piso, dio media vuelta lentamente y poco a poco subió su cabeza y los ojos se le colocaron negros y brillantes. Ãnabell Ruth no soportó lo que estaba viviendo, apretó el gatillo y se suicidó.
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