Josafat es la alumna más aplicada del salón. A ella todo le salió bueno; desde su carácter, su fÃsico, lo estudioso etc. Ya hasta queremos proponerla para reina de la escuela.
Josafat dice que yo soy tÃmido. No es que le tenga miedo sino que me pone nervioso platicar con ella.
Tiene varios dÃas que sabe que yo existo y que me encuentro rondando siguiendo el rojo de su uniforme asà como los moscardones al foco de la luz.
Me gustarÃa ser su amigo y luego si las cosas me favorecen también me gustarÃa ser su novio. Sirve de que me ayuda a estudiar.
La Secundaria es como un mundo aparte. Dice mi mamá que las hormonas empiezan a hacernos travesuras y que debemos tener cuidado. Yo lo entiendo como que hay que saber lidiar con nuestras calenturas.
Yo quiero ir al cine con Josafat, aprender a bailar; escribirle cartas y salir juntos a donde ella quiera, también hablarle por teléfono o conectarnos en el correo electrónico y decirle tantas cosas que no le he podido decir en persona.
Pero lo más seguro es que yo no tengo éxito con Josafat.
Hoy mi papá vino por mà y me llevó a su casa para ayudarle a acomodar su ropa.
En un apartado de su maleta tenÃa varios condones. Cuando los vi, tuve curiosidad y tomé uno para observarlo.
Luego mi papá se puso a hablar de sexo conmigo.
Me explicó eso de la experiencia que debemos tener los hombres; de los despachadores de condones en Estados Unidos y hasta de cómo se debe tener una relación con una mujer y finalmente me regaló el condón para cuando se me ofreciera, puesto que piensa que ya estoy en edad de hacerlo.
Es un sobre color rosa con letras en Inglés y que por dentro trae como un arillo de plástico con un envoltura y un poco de lÃquido. El mismo condón que dejé descuidadamente en mi camisa del uniforme y que mi mamá encontró cuando iba a poner la ropa en la lavadora.
Mi mamá lloró porque piensa que todavÃa soy un niño.
Yo me siento confundido. Por una parte creo que está bien que mi papá se haya soltado a decirme todas esas cosas que me dijo, ya que es algo que aunque yo sea tÃmido tengo que vivir algún dÃa. Yo no se si a Josafat le hayan aconsejado lo mismo.
Lo que pasa es que casi no me dejó hablar y se terminó el tiempo de plática porque él tenÃa que regresarme a mi casa y no me dejó decirle que todo lo que me dijo está bien, pero que por lo pronto yo nada más quiero ser amigo de la Josafat.