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Categoría: Infantiles

Frutas de otoño

CUENTOS DE MARIA PELO VERDE

Erase una vez un campesino que como cada sábado día de mercado en el pueblo iba a vender su mercancía. En otoño vendía granadas. Los tenderetes ofreciendo las distintas mercancias llenaban de colorido el lugar. En uno de ellos las granadas, abiertas unas cuantas para que el público pudiera comprobar el color y la madurez de la fruta mostraban el rojo explendor de sus granos que brillaban al sol.

Pero aquel sábado había poca gente en el mercado y el dueño del puesto de granadas vendió apenas un par de kilos. Sin embargo en el puesto de al lado que vendian manzanas solamente quedaron unas cuantas. El dueño de las manzanas al ver el poco éxito que había tenido su compañero en la venta de su mercancía le regaló el resto de manzanas.

-LLévaselas a tu mujer de mi parte- dijo- que haga una tarta con ellas porque están un poco maduras-.

Camino de vuelta a su casa el hombre del puesto de granadas iba pensando en arrancar todos los granados y plantar manzanos. Cuando llegó a su hogar le dió las manzanas a su mujer y le echó las granadas a los cerdos. Entre las manzanas que le dió a su mujer había una granada y ella pensó desgranarla y poner sus lindos granos de adorno sobre la tarta de manzana que iba a hacer.

A la hora de la cena el hombre le dijo a su mujer cuales eran sus intenciones, arrancar todos los granados y sembrar manzanos.

- ¿Has pensado lo que tardará un árbol recién plantado en dar fruto?- le preguntó su mujer-. Tú le tienes mucho cariño a esos árboles decías de broma que eran mágicos, ya encontratarás otra forma de sacarles provecho-.

- Tienes razón- dijo el hombre- Tendré que ver la manera de sacarles algún beneficio. La tierra donde están es fértil la prepararé y sembraré verduras o papatas. Hoy estoy muy cansado me comeré la tarta y me iré a dormir, mañana pensaré con calma que hacer-.

Cuando el hombre mordió el trozo de tarta que su mujer le había servido pensó que se había roto un diente. Estaba durísima.

- ¡Esta tarta está dura! -.

La mujer tocó la tarta con el dedo que se hundió en la masa dorada y esponjosa.
- La tarta está tierna- dijo la mujer- debe ser la granada que le he puesto de adorno-.

Entonces comprobaron que los granos rojos y brillantes eran duros y pesaban como piedras.

-¡Piedras!- exclamó el hombre-.
Y recordó que de niño su madre le decía que estaba comiendo rubíes.

Entonces comprendió que los granados le agradecían de aquella forma que hubiera decidido no arrancarlos. Los granos de aquella fruta eran verdaderos rubies. Y ... colorín colorado este cuento se ha acabado.
Datos del Cuento
  • Autor: Lébana
  • Código: 11166
  • Fecha: 05-10-2004
  • Categoría: Infantiles
  • Media: 5.62
  • Votos: 84
  • Envios: 9
  • Lecturas: 1987
  • Valoración:
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