- ¡Por los hijos de Nornul, qué brujería es esta!- exclamó el Gurin al comprobar que sus golpes atravesaban sin efecto alguno el cuerpo del caballero.
Éste no respondió. En lugar de eso, alzó resuelto la espada y asestó al monstruo un potente tajo en su pierna izquierda.
Un grito como nunca había escuchado resonó en toda la zona. Luego el Gurin dijo:
- Veo que te han ayudado sabiamente, pero como ya te dije antes, nada de lo que hagas te servirá para derrotarme.
- Ataca, y lo veremos- replicó desafiante el caballero.
Pero la criatura no hizo tal. En cambio, salió corriendo en dirección al otro lado del claro.
Como si huyera.
En pocos segundos, gracias a las impresionantes zancadas que daba, llegó al límite del claro y desapareció tras unas colinas. Detras de él, caballero y corcel intentaron a duras penas no perder su rastro.
Durante algunos minutos, el Gurin y su perseguidor atravesaron los oscuros prados que se extendían en todas direcciones, hasta llegar al inmenso bosque de Hadrastur, la primera casa de los Trasgos.