Estaban todos, y a todos odiaba por alguna razón, a todos por algún motivo diferente que al anterior. La verdad es que si nos poníamos a pensar para qué nos reuníamos esas noches nada tendía sentido.
Me criticaron mi modo de vestir, de hablar, de pensar, de criticar.
Mis vicios fueron recalcados, y culparon de mi falta de contención la quiebra familiar
Los odie a todos.
Se fue acumulando mi sangre negra, me explotaban las venas, me palpitaba a mil el corazón, ese que mucho había cambiado desde mis quince años, y poder disparar, disparar una y otra vez, y otra vez, y otra vez.
Poder verlos moverse del lugar, ahí sentados con la tranquilidad que Dios nos confiere, con la conciencia tranquila que su Jesús nos da para matar, asesinar a quien corresponde.
Tenía el 38 en mi cintura, lo había conservado oculto en varias cenas, sin poder tomar el valor de hacerlo, pero en esa ocasión todo se desencadenó, como sabía que iba a suceder. Lo tomé con ligereza, no me tembló el pulso en ningún momento, apunté el cañón a su frente y ahí sin decir más le disparé, sin errar, acertando todos los intentos.
El silencio abrazó el comedor por un microsegundo, continuados de varios gritos de terror, seguidos de espanto y conmoción. Nadie se me acercó, estaban congelados en el lugar, y me miraron con desprecio sin entender la justificación clara y prolija.
Tan libre me sentí al fin, libre de culpa y de pena, sin miedo a soñar nuevamente con ellos, sin que les duelan mis golpes atinando ellos sus manos contra mi rostro.
Convertido en asesino y el verdugo de la maldad, temí por el mal juicio de lectura que podría hacerse en la ciudad, en el mundo. En la apresurada sentencia que el juez podría dictar, en los malos ojos por la calle culpándome de algo del cual sentía derecho y obligación de arremeter, la vida del enemigo.
Es porque no te dejan dormir por la noche, te entrecorta un sueño, te somenten a las pesadillas interminables que sangran en la madrugada y traspiran por el amanecer, y aturden al ocultarse el sol.
Destruyen los deseos, avergüenzan tus pasos, marchitan la sonrisa.
Y en el momento justo, como siempre, cuando mi cuerpo no soportaría ninguna otra sensación perjudicial, sentimientos negativos que harían entrar en duda lo permisible de Dios, se escuchó un grito continuado y tirones de ropa y aliento fresco a dentífrico matutino.
- Despierta hermano, nuevamente estabas por morir
Con los ojos bien abiertos observé a quién me había salvado por segunda vez en la semana.
- Pude ver cómo agonizabas, lo pude ver en tus ojos abiertos. ¿Otra vez el mismo sueño de poder y libertad? ¿Por qué no me cuentas ya?
No pude contarle, pero mucho menos volver a intentar dormir y verles la cara otra vez.
- Sucede que a veces la justicia y la libertad de uno es el fin y la muerte de otro, y la sentencia crédula y perpetua de terceros. Por eso mi indecisión de terminar con todo aquello. Sé que Dios quiere que lo haga, no sé la sociedad cómo reaccionará, porque creen que Dios está a favor de la vida…pero la vida a veces necesita, justamente, algunos sacrificios. Quédate cerca hermano, quizás pueda revelarte esta vez los hechos a través de mis pupilas, cuando logre dormir otra vez. Ten cuidado cuando oigas los disparos, no quiero equivocarme de blanco, a ti te quiero vivo.
-Nante-
(Sólo es un cuento)
Es un cuento mavilloso, bien escrito y que es por lo que entro aqui desde hace años, con ditintos nombres, porque encuentro cosas asi.