Le poseía el don de las palabras.
Distinguía las fuertes entre las cristalinas,
las fogosas, las tenues, poscritas y anacrónicas
de las celestes, largas y fugaces.
A veces era el mago bajo el circo
de las cinco vocales de colores
volando y transfromándose en sus dedos,
o mandaba a un rincón sin alterarse
a cualquier consonante irresoluta.
Vivía de ellas y también por ellas.
Carecía de todo y nada le apremiaba.
¿Cómo no iba a encontrar cuanto quisiese
en las arcas de aquel ebrio alfabeto?
(J.J.Padrón)
Para todos los que aman las palabras, escritas, leidas o soñadas)