Nunca se había percatado que aquel libro llevaba su nombre, mucho más lo sorprendió al leer en su primer página la fecha y hora exacta de su nacimiento.
No supo que pensar, el temor y la confusión hicieron que sus manos temblaran de tal manera, que no pudo evitar que el mismo cayera al suelo dejando ver en sus páginas el dibujo de la escena recién vivida, en la cual despedía a su mujer y a sus pequeñas hijas que se iban por unos días.
A media luz y en el silencio que su propia sombra hacía, horrorizado casi al punto del desmayo, no tuvo la valentía ni el coraje de dar vuelta la hoja... mucho menos ir al final del libro.