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Categoría: Fábulas

Desinflando un globito

Cuento de un niño llamado Carlos que un lunes en la mañana se dirigía a su escuela caminando por la acera de la calle, como la escuela quedaba a tres cuadras de su casa, ya a los nueve años cumplidos sus padres lo habían enseñado a irse solo. Carlos era un niño tranquilo y obediente, nada lo distraía en su recorrido a la escuela, siempre iba con paso apresurado, bien sea a la ida o al regreso, tanto es así, que a veces daba la impresión de que iba montado en rieles invisibles enganchados a sus gomas de tenis, que le impedían desviarse del camino e incluso detenerse.
Pues bien, una de esa mañanas Carlos, además del bolso con sus útiles escolares llevaba en la mano un globo pequeño del tamaño de una pera, sólo que éste era de color azul y no como aquella de color verde claro; era uno de esos globos que algunas personas usan indebidamente en épocas de carnaval para llenarlos de agua y mojar a la gente.
Este globito que Carlos llevaba a la escuela iba lleno de aire, el cual había sido inflado su hermano mayor y atado con un pequeño nudo que apenas podía sujetarlo entre sus dedos.
Ese lunes en la mañana por primera vez Carlos se distrajo en el camino a la escuela, iba ocupado tratando de desamarrar el nudo del pequeño globo, para desinflarlo y usarlo como un sombrero encima del borrador de su lápiz.
Sus intentos fueron inútiles, recorrió las tres cuadras enteras y llegó a la escuela sin poder soltar el nudo de aquel pequeño globo, ya en la entrada de la escuela se encontró con varios de sus amigos a los cuales le pidió ayuda para ver si alguno de ellos era capaz de soltar aquel nudo, pero ninguno lo lograba.
Al llegar la maestra, Carlos medio temeroso se armó de valor y le pidió a ella que lo ayudara a soltar el nudo; la maestra movió con agilidad ambas manos y soltó el nudo con tanta rapidez que el pequeño globo salió disparado por los aires dejando tras de sí múltiples piruetas, acompañadas de un gracioso sonido producido al desinflarse, para luego internarse entre el jardín de la escuela.
Al entrar a clases la maestra observó que Carlos estaba un poco triste, y pensó que quizás no había encontrado el globo, y sintiendo algún sentimiento de culpa por su falta de habilidad al soltar el nudo, le comentó: "a la hora del recreo lo buscaremos entre los dos" y Carlos le contestó: "No maestra, ya lo conseguí, sólo que no puedo usarlo como sombrero para mi lápiz, porqué le queda grande y se le sale, ésta mañana antes de inflarlo le quedaba ajustado, pero por inflarlo he perdido la oportunidad de usarlo como yo quería"
Y la maestra acarició la cabeza del niño y le dijo en voz baja, " bueno a veces insistimos tanto en lograr algún objetivo, y cuándo por fin lo conseguimos, es sólo para darnos cuenta de que ya no nos sirve"
Datos del Cuento
  • Categoría: Fábulas
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