Hola. Mi nombre es José. A mi siempre me han gustado las fiestas. Me gustaba salir a beber con mis amigos e ir con mi novia al cine. Ahora no me gusta, pues gracias a todo esto mi padre se... ¡No! Mas vale que lo cuente desde el principio.
Yo vivía sólo con mi padre. Vivíamos en un departamento muy ceca al metro Tacaba. Mi madre murió de cáncer ya hace muchos años y desde hace dos meses estoy comprometido con mi novia Liliana. Se supone que nuestra boda se celebraría mañana, pero lo de mi padre lo arruinó todo.
Mi padre tenía un gato. Un gato persa de color blanco. A mi nunca me han gustado los gatos persas, pero el gato era de mi madre y lo tenía que cuidar. Mi padre le tenía mucho cariño. “No sé como le hacen” decía algunas veces, “pero siempre logra hacerme feliz, es como si supiera que estoy triste por estar siempre solo”
Blanca, el gato, consumía muchas horas de mi tiempo libre entre alimentarlo, cepillarlo y jugar con él. Un día, cuando le estaba dando de comer, pasó algo extraño.
-Mientras tu estas en el cine, tu padre se enfermará- oí una voz. Me dijo esto cuando guardaba las whiskas en la alacena.
-¿Quién dijo eso?- pregunté.
-¿Miau?- dijo Blanca. -tal vez necesito descansar- pensé.
En ese momento sonó el timbre. Era Liliana. Olvidando lo que había escuchado dejé mi casa para ir al cine. Mi padre siempre fue un hombre sano y, a su edad, todavía podía cuidarse solo. Por eso no me preocupé.
Ya casi era medianoche llegué a mi casa. Hacía frío y una brisa mas fría soplaba. Lo primero que hice fue ir a la recámara de mi padre a ver como estaba. Entré a su recámara. La luz estaba prendida. Pero él estaba dormido. Vi que estaba sudando. Toque su frente
-¡Tiene calentura!- dije gritando, por suerte no se despertó.- debe tener gripa, o fiebre- pensé. Sentí que la recámara estaba fría, tal vez demasiado.
-Te lo dije- susurró una voz. Era la misma voz que me dijo que se iba a enfermar. Pero, ¿quién era esa voz?
-Miau- dijo Blanca casi en susurro, un susurro aterrador.
-¿Blanca, de dónde saliste?- dije sorprendido.
A la mañana siguiente vino el doctor. Revisó a mi padre, recetó algunos medicamentos y dijo: “con esto se recuperará.”
En ese momento sonó el teléfono. Era Luis, mi amigo. Dijo que tenía una sorpresa. Que tenía que ir a su casa pronto. Le pagué al doctor, di a mi padre la dosis de medicamento y, antes de que saliera oí:
-José, él no se va ha recuperar, José, hazme caso, por favor- como las dos anteriores veces, era la misma voz. Tal vez debía preocuparme, pero no lo hice, quería saber cual era la sorpresa que Luis me preparaba.
Ya era muy noche cuando llegué a mi casa. Sólo me preocupaba dormir. Luis había preparado una de esas fiestas de despedida de soltero. Bailamos y tomamos durante todo el día.
Sin cambiarme de ropa o lavarme los dientes, me acosté y me dormí. Soñé que estaba en una iglesia casándome con Liliana. Todos estaban ahí, aunque sentía una sensación un poco extraña.
Mientras los músicos tocaban una música y yo bailaba con Liliana, vi a Blanca. Ella me estaba mirando, me estaba esperando. Terminamos de bailar y me acerqué a ella. Junto a ella había una persona que parecía estar dormida.
-Te lo dije José- dijo- te dije que se iba a enfermar, y no me hiciste caso, te dije que no se iba a recuperar, y tampoco me hiciste caso.
-¿De qué hablas?- pregunté
-Este señor que está a mi lado es tu padre- contestó Blanca- él está muerto. Mientras estabas en tu fiesta murió.
De un golpe me desperté. Me levanté y fui a la recámara de mi padre. Es verdad, mi padre estaba muerto.
-Ah, Luis- dijo Blanca- ¿Por qué nunca me haces caso.- me volteé y pregunté.
-¿Cómo supiste todo esto, Blanca?- ella no dijo nada, se volteó y salió de la recámara.
¿Qué te puedo decir? Nada, solo que tu cuento es muy bueno y me a dejado el final con la boca abierta.