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CHAQUE FOU A SA MAROTTE (Cada loco con su tema)










“...en medio del desorden, la búsqueda de sombras de duda...para ir a alguna aparte, si ese camino aún no existe..” El aplauso fue ensordecedor. Savanarola, el Presidente Comunal , de profesión boticario y ávido lector de pensadores medievales, había cerrado su alocución.

La asamblea popular citada ante los graves acontecimientos, hacía titubear a los 336 habitantes de un pueblo hoy signado por la desgracia. Tres muertes en una semana era el colmo. A eso debía sumarse los robos, el abigeato, algunos accidentes menores y la muerte de doña Hermelinda hace siete meses. La posición de la policía era tendenciosa; Trifolio fue señalado culpable y estaba preso en el Dispensario de Villa la Merced porque en la Comisaría, la única pieza reservada para detenciones estaba repleta de equipos de audio, computadoras y televisores, evidencias de hechos delictivos sin resolver y que así debían quedar. El cura párroco discordaba con el jefe:
-Trifolio es incapaz de matar a una mosca. ¡Póngale multa como monaguillo que siempre fue un
desastre!.- Al tendero poco le interesaban las oposiciones: él lo consideraba marginal e insociable. La enfermera del pueblo levantó la mano, como la ignoraron, se retiró mascullando insultos de munición gruesa. La directora de la única escuela primaria, también se retiró ofendida por el sentimiento gregario que se imponía. -¡Abrase visto, caramba..!

Trifolio se convirtió en un caso resonante cuando se corrió la voz de que las víctimas, antes de morir, habían tomado contacto con él...-! Les habrá regalado un trébol!- gritó un viajante autoinvitado a la reunión. Era cierto. Tréboles de cuatro y de cinco hojas aparecieron en billeteras, cuadernos y libros de los vecinos fallecidos. Trifolio ajeno a la parafernalia, compartía una sala grande con dos boyeritos demorados en averiguaciones por un problema de polleras y, con don Idalio, un paciente de 94 años que esperaba la muerte mordiendo su cigarro apagado.Con el correr de los días, la noticia rompió límites impensados. Trifolio, un hijo de nadie, autista no declarado, marginado por ley de prejuicios y coleccionista de tréboles, sería condenado por su mala suerte; regalárselos a la gente que él consideraba amiga y, vaya a saber por que puta coincidencia, luego se murieran. - ¿Así que se murieron?- Había dicho en su defensa con voz gutural.

Una comisión de Derechos Humanos enterada del asunto, decidió movilizarse. El Círculo de
Parapsicólogos de la provincia había solicitado audiencia para investigar el caso. La Asociación
Cristiana mandó una carta al obispo, pidiendo la posición de la Iglesia en este asunto. Cuando leyó
la carta, el Obispo se preguntó si no había que exorcizar a toda la villa.- por considerar peligrosa la estupidez.- El Colegio de abogados ponía sus servicios a disposición. La prensa, había señalado la noticia en grandes titulares: ¿ Existe la mufa? ¡ Tréboles de la mala suerte! El Colegio de Psiquiatría hizo notar su interés en el hecho. Faltaba que los ecologistas prepararan una presentación de supuestas sustancias contaminantes en el humus de la Villa.

Savanarola reconoció que la cosa venía complicada. -¡Si toda esa gente iba ser parte del circo,era mejor asegurar la carpa...!-gritó. Fue cuando se formó la Comisión de Emergencia Comunal.
Cómo era lógico, los cargos recayeron según el dedo apuntara. Los boyeritos limpiarían el salón de fiestas del Club de bochas para transformarlo en sala de conferencias. El campito quedaba
reservado para estacionamiento e instalación de futuras carpas. Esto echaba por tierra el partido
final entre Solteros vs Casados, quedando con fecha a confirmar. -¿Qué hacemos con el imputado, señor Presidente..? –dijo la curandera socarronamente. Ella era la única mujer comisionada para las relaciones públicas y de hacer lo imposible para “retrasar” el traslado de Trifolio a los tribunales correspondientes. Este, saldría custodiado una vez al día por dos agentes de a caballo para las fotos y notas periodísticas. Estaba decidido que, si se caía, mejor. Además quedaba terminantemente prohibido pisar, cortar o entregar tréboles a otra persona. El Jefe de policía temía una intervención y pensaba en sus computadoras. El Jefe de Correos que había llamado a un diputado, amigo de la
esposa de una hermana y que aseguraba que éste iba hablar con el gobernador, fue receptor de
improperios por Don Verxuluaga, latifundista de la zona. ¡ Qué tenés que abrir la boca, vos...!-
A sabiendas de un desastre en puerta, el Director del dispensario y médico de un pueblo vecino,
sentenció:-¡Villa la Merced puede considerarse en cuarentena.!- A continuación, el ordenamiento
de los hechos.

La calesita quedó instalada en el campito rodeada por carpas de cientos de curiosos. Una
treintena de ómnibus presentaban un panorama inédito sobre el ripio de las dos únicas calles de la villa. Los cánticos, pancartas, camisetas argentinas y pasacalles con mensajes de apoyo a
Trifolio, se mezclaban con fotos del “Che”, y de Savanarola Senador. A don Idalio lo encadenaron
a la puerta del edificio Comunal a cambio de buen tabaco y mejor servicio de comida en el futuro.
El plan era convencerlo que recién depusiera su actitud cuando llegara el gobernador. - ¿ Y yo que
hago, pué...?- atinó a decir. El Obispo envió al Monseñor de la Diócesis para bajar línea: “... y
bienaventurado aquel a quien la verdad por sí mismo enseña, no por figuras y voces que pasan,
sino así como es.” Cómo nadie en la Asociación Cristiana había leído “la Imitación de Cristo”,. el obispo no era De Kempis, sino Gardel. El campeonato improvisado de bochas por parejas Copa
Trifolio fue un éxito de inscriptos. Tal la organización que, si los participantes no tenían la ropa adecuada, se los debería distinguir fácilmente; los abogados llevarían corbatas, los periodistas mostrarían sus credenciales, y así con los demás. Los talleres de discusiones y conferencias se sucedían con buen marco de público. Dentro de las personalidades esquizoides, Trifolio quedaría mejor parado como hebrenoide más que catanoide. -¡Para estos queda bien cualquier cosa, menos narcisista.!- dijo la enfermera que casi no respiraba por tanto trabajo. La maestra se quejó con Savanarola para que terminara con la parodia que llegaba a límites inauditos. “Lo principal de la libertad no es el problema: libre “de qué”, sino libre “para qué..” Antes que abofetearlo, se alejó bajando algunos santos. El Jefe de correos que esperaba ansioso al Gobernador se cruzó con el Monseñor que le habló por la bajo,- ¿No sabe usted como librarme de este castigo? Con el
periodismo, quedaba claro que el problema no eran los tréboles sino la intención de darlos. El
planteo oportunista sobre la mufa se respaldaba en teorías entre cosmogónicas y cabalísticas. Si
doña Bertha, la bibliotecaria, había muerto el día 13, don Crispino el 17 y, por último, la costurera Emilse, que fue un día 22, al sumarse los números entre sí, el resultado seguía siendo: 13. La discordia era el día 22, un número perfecto que, por ende, sus dígitos no se suman. Esta inconsistencia, hacía de los mentalistas y esotéricos que “la cosa no cerrara”. Para otros, los códigos quedarían regulados como “ilustradores, o sea, estos van unidos a lo verbal y sirven para recalcar palabras”. Dentro de esa expresión de las emociones, Trifolio entregaba su afecto. Lo que el gentío no entendía muy bien, era la procesión de equipos de audio, computadoras y televisores por parte del Jefe y sus policías rumbo a la sacristía. Para disimular el arreglo y no dejarlo sólo, esa
noche Trifolio sería custodiado por el Párroco. Al día siguiente, cuando el gobernador cruzó con su comitiva el arco de entrada del pueblo, un boyerito estaba pintando un cartel: Villa La Merced – 335 habitantes.

El entierro de don Idalio se llevó adelante con total normalidad acompañado por más de mil
personas. El Obispo, que formaba parte de la comitiva, presidió el responso y según los
trascendidos, tréboles de cuatro y cinco hojas fueron hallados en los bolsillos del difunto. Fieles al circo romano, a Trifolio le bajaron el pulgar.Cuando las calles quedaron vacías, fue trasladado al Instituto Psiquiátrico provincial
hasta que se expidiera la justicia. Internado en el pabellón 13, sin la gloria de ayer, se cuenta que, lo primero que hizo, fue retornar a su pasatiempo habitual.

La final de bochas nunca se llevó a cabo y Savanarola jamás llegó a ser Senador.
Datos del Cuento
  • Autor: moravia48
  • Código: 1559
  • Fecha: 01-03-2003
  • Categoría: Sin Clasificar
  • Media: 4.9
  • Votos: 31
  • Envios: 0
  • Lecturas: 4662
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