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Bueno Pame . . .

(Para Pame)

- Bueno Pame, la idea es que cuando empiezas a aprender algún instrumento cuando lo hagas mas temprano, es decir, cuando tienes pocos años, será más fácil tu aprendizaje y mejor la ejecución que lograrás del instrumento o los instrumentos que decidas aprender.

Estos eran los argumentos que Norsi explayaba con tal de convencerme a que me animara a aprender a ejecutar algún instrumento, para esas fechas no iba a ser muy difícil de que me animara ya que tenía bien definido mi gusto por el piano y era manifiesto que no cambiaría mi decisión, como ya lo había demostrado en otras ocasiones.

Mi singular gusto por la música, sobre todo por la clásica, era a todas luces uno de mis pasatiempos favoritos, bueno además de el baile ya fuera folklórico o valet, así como ver la televisión ya fueran mis videos o algún programa que no siempre eran de caricaturas pues mi gama de gustos abarcaba además las telenovelas y los deportes, en particular el base-ball que aunque no entendía del todo si me entretenía.

Debo de confesar que aparte de todos estos gustos tenía otros que definí desde muy pequeña, algunos de ellos se relacionaban con la comida ya que aunque mi “Mamita Chula”, como gusto llamar a Gaby, mi mamita, o sea como dice Norsi la directamente causante de haberlo hecho abuelo a relativamente temprana edad, pues decía que “Mami Chula” no era del agrado de algunos platillos y sobre todo los mexicanos, a mi me encantaba por ejemplo la barbacoa o el menudo o pancita que a Norsi en lo particular hereda esos gustos genéticamente por ambas ramas de su ascendencia ya que su papá, el abuelo Munita como le digo, es un fiel comensal de la barbacoa y en lo relativo a la Pancita pues su mamá, la “abue Perita”, también como le digo desde que yo era muy pequeña cuando empezaba a hablar, la prepara con el gusto y sabor que a la vez heredó de su mamá o sea mi tatarabuela, Bisabuela de mi Mamita Chula, Abuelita de Norsi, Suegra de Munita, y mejor ahí le paro porque en eso de árboles genealógicos es asunto de no terminar y mejor regreso a los mis gustos que aunque también sería asunto de no terminar es el tema que me ocupa en esta ocasión.

Pues bien estaba lista para mi primer clase de piano cuando se me ocurrió escuchar antes de salir de casa un disco de música ligera con la interpretación de Richard Claiderman.

- Sabes Papo, como le digo a Norsi. Yo voy a tocar el piano como lo hace este señor.

- No lo dudo, no lo dudo. Dijo Norsi asintiendo a la vez con la cabeza.

Aunque de pronto quise que me pusiera el compact con música de Johann Sebastián Bach y en particular Tocata & Fuge en d-moll que junto con el Aleluya de Handel y las Cuatro Estaciones de Vivaldi son mis piezas favoritas.

Esperando a que recorriera algunas de la melodías interpretadas nos sentamos en la sala y saboreando una exquisita paleta de piña colada que Norsi sacó del congelador, transcurrió placidamente el tiempo.

Ya de camino a la academia de música no fueron pocos mis comentarios acerca de cuanto iba viendo y observando sentadita en la parte delantera del auto ya que contaba con más de cinco años que es la edad mínima que requiere el Reglamento de Transito para aceptar la compañía de niños en el asiento delantero.

Jugamos a el Ferrocarril de Palabras, juego inventado por Norsi desde que mis tíos así como mi Mamita Chula eran niños y viajaban seguido y que consiste en decir una palabra y cadenearla con la siguiente siempre y cuando empiece con la letra que terminó la anterior y además a condición de no repetir la misma palabra ya sea que la haya pronunciado uno mismo o cualquiera de los integrantes del juego, en cuyo caso perderá el que incurra en dicha falta, ... fácil.

Una vez agotado el repertorio de palabras, inicié otro juego, también inventado por Norsi aunque en este como copia de unas cortinillas de un canal de televisión, y que consiste en describir lo que alcanzamos a ver durante el recorrido que dura el viaje. El juego por similitud a las cortinillas mencionadas le pusimos “Veo-Veo”. Así inició el largo desfile de objetos, personas y cuanto se nos atravesaba.

- Veo-Veo; una camioneta roja en sentido contrario. Inicié y me siguió Norsi.

- Veo-Veo; un agente de tránsito dirigiendo en tránsito.

- Veo-Veo; un árbol grande.

- Veo-Veo; un taxi verde.

- Veo-Veo; ... un elefante,... ¿un elefante?, Sí un E-L-E-F-A-N-T-E en motocicleta con... su hijo elefantito atrás.

- ¿Cómo crees?

- Si Papo es un elefantote con su hijo elefantito. Bueno eso creo.

-¿Qué?, ¿Qué es un elefante?

- No, ¿Cómo eres?, Yo creo que es su hijo.

Al llegar al alto Norsi volteó a su izquierda y... efectivamente ahí estaba estacionado un elefante en una moto y con su hijo. Además de que el elefantito llevaba un estuche como de algún instrumento musical.

- ¿Ya te fijaste Pame?, Lleva un estuche como de violín.

- ¿Tocará el violín?, ¡No lo creo!

A medida que nos fuimos acercando a la academia nos encontramos a otros dos elefantitos el primero acompañado de una elefantita no muy grande pero no muy chica mas bien parecía su tía y el otro mejor dicho la otra elefantita ya que llevaba un hermoso y vistoso moño de muchos colores. Finalmente nos dimos cuenta que todos íbamos hacía el mismo lugar, es decir, a la Academia de Música,

Cuando entramos Norsi se quedó esperando en la sala de visitas que tenía un ventanal muy grandote y que se veía para un lado pero para el otro solo reflejaba como si fuera un espejo.

Pues en esa sala estaban ya sentados dos elefantes y una elefantita los mismos que habíamos visto en nuestro camino a la academia.

Cada uno de nosotros empezamos a desempacar nuestro instrumento, yo saqué mi teclado, uno de los elefantitos sacó un violín, el otro una trompeta y la elefantita sacó una flauta.

Empecé a conectar mi teclado y los demás a afinar sus respectivos instrumentos cuando de pronto y de la puerta se empezó a mostrar la imponente figura del maestro de música, un elefante (¿?) con un enorme sombrero negro y una corbata que fácil podría haber obtenido al menos una sabana para mi camita y eso que es matrimonial ya que ahí dormimos mi Mamita Chula y yo.

Empezamos con escalas más o menos fáciles hasta que el profesor nos repartió unas partituras con música de Navidad.

- Pero, maestro si apenas es agosto, ¿Cómo es que tocaremos música de Navidad?

- Bueno, Barritó el profesor, de aquí a que sea época de escuchar esas melodías ya las ejecutaran con la maestría de un solista de Sinfónica, así que mejor empezamos ya. ¿Les parece?

- ...Bueno aunque no nos parezca lo haremos. Pensé, al menos eso creí porque debo de haber dicho algo en un volumen que por más que quise ocultarlo, el profesor con esas orejotas, me escuchó.

- ¿Qué pasa Pamela?, ¿Qué esta diciendo?

- Nada profesor, nada

- Mas le vale señorita porque en caso contrario me veré en la enojosa necesidad de platicar con su Mamita para que la ponga a practicar no menos de diez escalas. ¿Le parece?

- Pero profesor, sí yo no estoy diciendo nada, solo leía mis notas, solo que debo de haberlo hecho en voz muy alta. Discúlpeme.

- Bueno, bueno, ya no te preocupes empecemos,... un, dos,... un dos tres.

Casi empezamos al mismo tiempo a no ser porque me atrase como unos dos acordes.

Ya iba en Andante un poco Allegro cuando de pronto escuché algo así como golpes con la Batuta, la varita esa famosa que nos hace como se le antoja al Director, en este caso nuestro elegante y famoso profesor que irradiaba “Elefantanalidad” por doquier. ¿Qué qué es eso de “Elefantanalidad” pues es lo equivalente a la “Personalidad” en la personas, en los elefantes es eso, bueno eso es lo que dice Norsi desde que se perdió el Gatito de Hugo y que encontró a mi tía Suss, bueno se llama Sussana pero yo le digo así, además leyeron bien el gatito encontró a Suss ya que ella nunca lo busco pero esto lo cuenta Norsi en otra historia que precisamente se llama “El Gatito de Hugo”.

Pues al ritmo de tres por cuatro y cuando estaba más entusiasmada y después de los “Toc-toc” de la batuta escuché;

- Pame, Pame.

- Despierta nena, ya es hora de ir a comprar el teclado que tanto quieres y por ahí pasaremos a la Academia de Música para ver lo de tu inscripción.

Era la voz de Norsi que me despertaba después de haberme quedado dormidita escuchando un disco de “Amigos por Siempre”

No falla, me había quedado dormidita.

Agosto del 2000
Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
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