Ya no puedo reconocer la entrada a los caminos por donde alguna vez deambulando llegue aquí.
He dejado de soñar y de pensar a causa de la incertidumbre que ahora nos rodea.
Solamente extraño la sonrisa, la mirada ingenua en la que descubrí nuestro amor, cuando aún era amor.
Ahora solo me invade la desperanza, el sueño reprimido de estar a tu lado para siempre.
Entonces contemplo mi alma, pero no la que resguardo en el interior, sino aquella que ha muerto atravéz de milenios.
La observo taciturno mientras te sigue, tan desprotegida como el día en que fue engendrada, con sus pasos tremúlos sometidos al esfuerzo de alcanzarte.
Y siento el dolor de saber que te alejas en la eterna realidad, en medio de calles y desiertos en tanto mi corazón exhausto ya no es capaz de seguir a tu lado.
Sin embargo pese a mi fe agotada me resisto a dejarte partir, es el envanecimiento de tu presencia lo que me obliga a sentir...
..................................................