INOCENTE
Brit miraba la ventana, las gotas de lluvia bajar por el techo de dos aguas y golpear el suelo firme de cemento. La verdad es que estaba aburrida. Apoyó la cara sobre sus manos. Ahora no tenÃa con quien pasar el rato. Su hermana Carol habÃa viajado a Buenos Aires con sus padres para un concurso de ballet y por tal motivo la habÃan dejado sola. Bueno, en realidad ellos no querÃan. Brit les habÃa insistido tanto. Lo que pasa es que ella odiaba cuando debÃa quedarse con su tÃa Marga. PreferÃa tomar todos los dÃas leche y comer sándwich de jamón y queso que tarta de verdura. Total solo era por una semana ¿Qué podÃa pasar en siete dÃas?
Esa noche, a las 10:00, después de cenar, fue a ver su novela favorita. Eran los últimos capÃtulos y esperaba ansiosa ver que iba a pasar. De repente le pareció oÃr un ruido en el piso de arriba. Como un mueble que se movÃa. Asustada puso el volumen un poco más alto. El ruido se repitió. La noche estaba tranquila aunque nublada, sin luna ni estrellas. Por suerte la lluvia habÃa parado a la tarde. La luz se cortó unos minutos antes de que terminara el programa.
- ¡¡Genial!! Ahora no voy a saber en que va a terminar- se quejó Brit.
Buscó una linterna y subió los peldaños de la escalera uno por uno. La madera crujÃa al menor movimiento. Iluminó al suelo y lo que vio la llenó de espanto. Una cuchilla de cocina yacÃa en el suelo. En la punta, sangre, igual que las huellas que conducÃan hacia su habitación. El picaporte bajó lentamente. Brit estaba quieta, mirando el cuadro de horror. Un silencio molesto reinó en el lugar. ParecÃa, tenÃa el presentimiento de que algo malo iba a pasar. Se escucharon unos pasos detrás de ella y sintió la punta de la hoja de una daga que se apoyaba en la espalda.
Se dio vuelta rápidamente pero no habÃa nadie. Bueno, excepto al charco de sangre y la daga clavada en su espalda. Se arrodilló y empezó a rezar un rosario. No podÃa ir a pedir ayuda, estaba demasiado dolorida y supo que le quedaban pocos minutos de vida. La sangre brotaba sin parar y ella lloraba de dolor y pena mientras seguÃa repitiendo el Ave MarÃa una y otra vez. Pensó en su familia, sus amigas y amigos, todos los momentos felices que habÃa vivido. Al terminar dijo “Amenâ€, cerró los ojos y murió.
FIN
...se ganó un comcurso?, pues no me quiero ni imaginar lo malos que eran los otros cuentos, ¿de verdad pretender hacernos creer que una persona que acaba de recibir una puñalada en la espalda se va a arrodillar a rezar en vez de salvar su vida?, ¿es que Brit era reatrasada mental o autista o algo asÃ?,´lo siento pero es el peor cuento que he leÃdo en mucho tiempo. Suerte