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Creerte o no creerte ... esa es la cuestión!!

Creerte o no creerte... esa es la cuestión.

Paseaba por aquel bosque entre las montañas. Apenas había despuntado el alba y hacía un poco de frío.

Los rayos de sol entre las ramas parecían asomarse y esconderse. Los pájaros cantaban, las mariposas revoloteaban y las flores se mecían con la fresca brisa.

Cuando llegué a lo alto de la loma vi hacia abajo y divisé ese enorme lago azul, rodeado del bosque y alguna que otra inmensa roca.
Para mi sorpresa, delante de mí pero al otro lado del lago, majestuoso se levantaba un acantilado. Desde su parte más alta colgaba vegetación y entre medio un salto de agua.

Aquel salto de agua reflejaba los dorados rayos del sol y extasiado me senté a contemplar.
Esa catarata era su cabellera... si la de “ella”, rubia y larga, hermosa y brillante.
Por aquí y por allá crecía una margarita salvaje y su perfume mezclado a pinos, robles y hierbas traía a mi memoria el perfume de su piel.

Sentado allí, saqué la cantimplora y bebí un poco de agua. Levanté la vista al beber y vi pasear las nubes blanquísimas sobre aquel fondo completamente azul.
Una brisa fresca y perfumada acariciaba mi rostro ... cerré mis ojos. Era “ella” jadeando y suspirando hasta que yo sellaba su boca con aquel beso devorador de almas en aquel momento en que no éramos dos ni tampoco uno... éramos ninguno unidos y jadeantes hasta que nuestros labios se separaban, abríamos nuestros ojos para vernos. Tú mirabas mis labios y luego mis ojos y sin decir nada volvíamos a besarnos una y otra vez hasta que nuestra respiración retomaba el paso.
Tú me regalabas una sonrisa, yo te besaba la nariz y tu frente transpirada y acomodaba tus cabellos peinándolos con mis dedos.

El chillido de un halcón me devuelve a la realidad. Me pongo de pié y grito tu nombre ... el acantilado devuelve tu nombre una y otra vez en un eco formidable.

Otra vez grito con fuerza tu nombre y también que te amo... escucho el eco pero ... ¿Qué está sucediendo? Ahora oigo tu voz ... sí es tu voz.
¿Me estás gritando que me amas?
¿Me lo estas diciendo a mí?
Dame un minuto, le preguntaré su parecer a mi corazón ... me dijo que sí que tú me amas.
Dame otro minuto, le preguntaré a mis sentidos ... me dicen que sí.
Dame otro minuto ... y así le pregunté a mi alma, a mi memoria, a mi inteligencia ... todos me respondieron que sí.
Sonreí, me sentí feliz ... feliz ... ella me ama.

- ¿Y a mí no me vas a preguntar?
- Te preguntaré... ¿pero quién eres tú?
- Soy tu “imaginación” ... y mi respuesta tú no te la "imaginas"...
Datos del Cuento
  • Categoría: Metáforas
  • Media: 4.99
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Comentarios


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8 comentarios. Página 2 de 2
eddy garcia
invitado-eddy garcia 31-07-2004 00:00:00

En un cuento tuyo que también comenté se levantó una polvarera, porque supuestamente estaba dedicado a alguien y etc, ahora, con este escrito queda claro que si eres un escritor de sentimientos y no de circunstancias, además es un bello escrito, felicitaciones.

David Avila B.
invitado-David Avila B. 31-07-2004 00:00:00

Exelente cuento amigo Joaquin y creo que mucha gente lo ha disfrutado tanto como yo... Gracias, mil gracias por seguirnos deleitando con sus historias, siga adelante, que habemos gente que apreciamos su trabajo David Avila B. Quito-Ecuador

Lourdes
invitado-Lourdes 29-07-2004 00:00:00

No tengo más palabras para decribirlo: hermoso. Lourdes

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