He de recorrer aún veintitrés escalones. Allí, al final, en un descanso, estará ella con su cerebro pulsátil al descubierto destilando la vieja lava oscura. Y dirá con voz potente, de mala manera
-¿A que vienes tú aquí?...yo, ¡no te he llamado!
-¡Tampoco yo quería venir..! he de mentirle con igual talante
Tomará entonces mi cabeza con sus manos y me dará un beso helado y profundo en la frente. Luego me dejará caer sobre la losa, me mirará por última vez y desaparecerá, un escalón más allá.
Aún puedo volver. Me restan veintidós escalones cubiertos de una pátina opaca y resbalosa. En el recodo alguien me está mirando con un ojo único...puedo oír su aliento entrecortado. ¿Querrá decirme algo? o simplemente me mirará, acurrucado y tembloroso mientras recorro, erizado, esta escalera terrible que él ha abandonado definitivamente.
En el próximo descanso, diez exactos escalones más allá, una ráfaga de voces me cuesta escuchar
en las aguas del arroyo
la luna confiada entró
¡Ay! que quisiera obligarla
a curarme este dolor
en el cuenco de mis manos
tomé el frío resplandor
y frotándolo en mi pecho
la pena se me alivió
las aguas enfrían mis pies descalzos, el lecho pedregoso cubierto de un musgo azulado, emite una luz de plata; por ella veo ahora mis manos pálidas, desnudas, atravesadas por una línea roja. En cuclillas, las sumerjo ahuecadas y bebo, bebo sediento el agua cristalina. Ahora las voces callan y el agua luminosa se escurre dejando vacías mis manos. Debo seguir. Luego del próximo escalón ya no podré volver, no podré refugiarme en un descanso a observar otro peregrino. Doy el paso pero nada ocurre, solamente el silencio, no hay ojos, ni voces ni aguas, estoy solo. Quiero ver más adelante, mis ojos me duelen y destilan un cálido vapor pero nada puedo ver. Quiero oir y la ausencia retumba en mi cabeza. Lentamente el hueco se llena de mí, mi soledad soy yo, tal como soy. Tengo miedo de mí...no quiero estar conmigo, necesito salirme. Entonces ocupo otro escalón, otro más, otro y otro y no puedo escapar de mí, siempre estoy presente, es más: soy lo único que es.
La encontraron, los ojos opacos, a la hora en que los dioses nos abandonan. Aún flotaba en la pequeña habitación, con el humo de la pólvora, su último sueño de cinco minutos.