tenÃa cuatro años cuando supe lo que deseaba. querÃa ser eterno, no deseaba morir asà como mi abuelo que estaba como estatua de cera, metido en una caja de color marrón. me le acerqué y le di un beso en la frente ante el asombro de toda mi familia que gritaron mi nombre como si fuera el diablo. me cargaron, me llevaron donde el cura y este me echó su agua bendita en la cara y en todo el cuerpo. luego, en casa de mis padres, me bañaron mientras mi madre no cesaba de llorar. madre, le dije, quiero ser eterno. mamá se rió de mis palabras, se secó los ojos y me cantó una linda canción, nunca antes la habÃa escuchado cantar, no como ahora que con sus manos y su voz, deleitaban todo mi ser. sÃ, me dije, voy a ser eterno. pasaron los años. me hice un estudiante de filosofÃa, luego, estudié matemática pura. terminé con filologÃa y antropologÃa. salà con mas tÃtulos que todos mis padres, hermanos, tÃos y tÃas. aún asÃ, fui a casa, junto con todos mis diplomas y le dije a mi madre que me volviera a cantar una canción. mi madre se puso tan rara como si estuviera sin calzón o sin sostén. lo cierto es que me dijo que en otro momento. callé y puse todos mis diplomas en el piso. salà a la cocina y traje un poco de keroseno, y lo eché en medio de los diplomas, luego, lo encendÃ. mis padres no podÃan creer lo que veÃan, menos mis hermanos, tÃos, tÃas, amigos y primos, etc. pero allà estaba yo, en medio de esa lumbre, sintiendo que iba a ser eterno, jamás iba a morir, eso era lo mas importante para mÃ. me paré frente al atónito público familiar y les dije que no deseaba vivir con mas condenados a muerte. callaron, mientras yo salÃa de casa para no volver nunca mas. mientras salÃa, escuché vocecillas, susurrando: está loco... seguà mi camino hasta salir a la calle, y cuando estaba por llegar a la esquina, escuché a mi madre cantar. volteé y vi que estaba parada en el techo de la casa, vestida toda de blanco, luego, se tiró hacia el piso y murió. no quise volverme hacia atrás y seguà caminando, siempre adelante, adelante hasta llegar a las puerta de la vida y la muerte. habÃa leÃdo todos los libros, sabÃa muchas cosas, aunque no todas. seguà caminando hasta que llegué a un abismo. me tiré y mientras caÃa una sombra fosforescente se acercaba en mi caÃda. ¿vienes a llevarme a la eternidad?, pregunté. no, no, sólo voy de paso y vengo a darte la despedida, porque, vas a morir... pero, repliqué, yo quiero ser eterno. ¿eterno?, ¿qué es eso?. yo seguÃa cayendo cuando vi que mi cuerpo empezaba a pegarse a la paredes del precipicio. vi una rama y me cogà de ella, por suerte, quedé pegado y salvé mi vida de las garras de la muerte. subà el abismo y cuando estuve arriba, vi que todo el cielo empezaba a abrirse sobre mis ojos. ¿que es esto?, me dije. el cielo se volvió color blanco, todas las cosas empezaron a desaparecer. todo se volvió blanco. empecé a caminar por esa ruta blanca hasta que llegué a una puerta, esta era blanca pero sus bordes eran dorados. toqué la puerta y esta se abrió solita. frente a mà estaba mi vida, la misma vida que viviera hasta momentos antes de saltar por el abismo, luego, a un lado, como si fuera una nube de colores, vi mi muerte, mi cuerpo hecho un charco de sangre y carne; vi que las ratas y lombrices se tragaban mis carnes. supe que todo eso habÃa pasado. luego, me vino otra pregunta: ¿soy eterno?. sÃ, escuché, sÃ, sÃ, sÃ... y esa voz se repetÃa sin parar como si fuera una lluvia incontenible. cerré la puerta y busqué algo que no sea blanco. por suerte encontré un piano de color blanco y sus teclas eran de oro, y su cuerpo era de plata. me senté y me puse a tocar la vieja melodÃa de mi madre que cantara cuando era un niño (aunque aún siento que soy un niño, o niño viejo), y cuando acabó con su vida, lo extraño fue que en vez de sonidos de piano, salÃa la voz dulzona y llorosa de mi madre... me gustó mucho y me puse a cantar con ella, pero de mi voz salÃan sonidos diferentes a la voz de un ser humano, eran como el silbido de las aves. me miré las manos y no pude ver nada, era como invisible... entendà que me habÃa convertido en aire, puro aire, asà como la eternidad. cerré los ojos y con una dicha total dentro y fuera de mÃ, viajé a través de todo aquel espacio blanco hasta llegar a otro en donde todo era como sueños que sucedÃan sin final, como en una pelÃcula surrealista... nunca mas he vuelto a existir, pero, al fin siento lo que es la eternidad...
san isidro, marzo de 2007