estaba en el baño cuando dios se me puso de frente. era una luminosidad, como un jalón en esa cortina de tres dimensiones, haciendo un forado, y viendo por primera vez algo diferente. cerré los ojos y deseé estar muerto, no volver a ver otra cosa mas... estaba agotado de tanto vivir. le dije que, por qué viene y se va sin previa cita, que no habÃa hecho ni un solo mérito para estar en su presencia. dios no decÃa nada, nunca decÃa nada, y eso lo sé muy bien, porque eso dicen los libros sagrados, pero, tuve un sentimiento, como si yo fuera una planta y esa luminosidad estuviera cuidándome con gran delicadeza, tocándome lo necesario, cortando una que otra pelusa que sobraba, haciéndome mas simple, mas sencillo, mas natural... me sentà extraño verme observado, cuidado, pero me sentà bien. poco a poco, dios se fue desvaneciendo hasta que de nuevo la cortina se puso delante de mi presencia y todo volvió al mismo lugar. abrà los ojos, estaba en el baño, orinando y ya habÃa terminado. sonreà y fui a continuar laborando, el jefe me reclamaba... iba a decirle algo, cualquier cosa, pero sentÃa que no era necesario. seguà laborando y en cada cosa que hacÃa, sentÃa que era observado y bien cuidado. dentro de mÃ, pensaba si los sueños, la vida, la verdad son una sola cosa, asà como el cuento de los cuatro ciegos que tocan a un elefante y creen saber lo que es... continué laborando hasta que mi jefe me dijo que ya era hora de irme. le agradecÃ, me pagó el jornal y con un muchas gracias, volvà a mis sueños...
san isidro, abril de 2007