jugabamos con las arenas de sus ojos, de ves en cuando, en las tardes me mostraba su cuerpo, en las noches nos levantabamos de sobre la puesta del atardecer, redondeabamos los caminos con sus manos e incluso, extraiamos agua del centro de la tierra, pero ella.
en las playas corriamo en po de la nada, el viento nos sonreia y su pelo diluviaba en plena noche, nuestros pasos se undian en pos de ambos, pero ella.
nos meciamos en la silla fuera de casa, abrazados, entre lazados, uno sobre el otro, sus labios no me comunicaban y esa fria tarde ella me miraba ludicamente como un cielo a un viento extranjero, y el cantico de los grillos era como la llegada de un tiempo nuevo y entonces supe de sus labios que ella no me queria, ni me amaba tampoco.