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llaveritos

llaberitos


Exitos, éxitos, y más éxitos. Es de lo único que podría hablarse en mi vida si se tratara de hacer una reseña pero ¿qué clase de éxitos?, Comparándome con esta gente cual es el triunfo que uno podría presumirles, la sola mirada de ellos me causa un dolor o tal ves lastima, pero lo que me mas me atemoriza es este lugar donde ningún titulo, dinero o distinción que se pudiese tener me puede salvar. El gran temor que siento no es causa de alguna amenaza o mala intención, es simplemente el ambiente que se percibe en este lugar, bien pudiera describir la situación de mi pueblo con solo tomarle una fotografía. El ruido es ensordecedor, un olor pestilente abundaba en todo el entorno, los vidrios rallados, gente pensando simplemente en ella y no en otra cosa que pudiese ocurrir a los demás, ancianos desechos por los años vividos parados por no tener un solo lugar donde descansar ya que en este lugar eres tu y nada mas tu, no hay ayuda de nadie eres simplemente uno mas de ellos sin importar el bien que hayas hecho.
Cada ves veo que llega mas y mas gente. Volteando hacia mi frente mi vista choco con algo precioso, no lograba percibir que es lo que hacia una flor de esa belleza en un lugar como este: era pequeña de piel morena, la saliva seca revuelta con arena a la altura del mentón causaba algo de ternura, tras unos pocos segundos de aver arribado a este lugar tomo un poco de aire, y se le escucho gritar “lleve sus llaveritos baratos baratos”, pasaba por en medio de todas esas personas sin que una sola le comprara nada hasta que llego con migo y me pregunto “no quiere un llaverito”,y sacando un billete de cien pesos, le dije que me diera 2, la muchacha puso los dos llaveros en mi mano y susurrándome en el oído dijo ”no tengo cambio don ya será pa´ la otra”, un mar de lagrimas inundo mis ojo y decidí que era el momento adecuado para dejar aquel lugar, me puse de pie rápidamente tome mi portafolio y empece a introducirme entre todos ellos. Algunos no me dejaban pasar otros amablemente se movían hacia algún costado, por fin logre llegar asta la salida, ¿pero como salir?, si efectivamente lo único que me separaba de salir de aquel lugar hostil era una puerta de vidrio con algo de fierro. El sudor firo me corría por el cuello asta filtrarse a mi pecho no sabia que hacer era cuestión de vida o muerte, o salía de ese lugar o me quedaría ahí para siempre y nunca mas volvería a ser el mismo, la gente me miraba entre desconcertada así como divertida por el espectáculo de IDIOTES que les estaba dando. Trate de abrir la puerta de todas y cada una de las maneras que alguna ves lo hice, y cuando mi desesperación estaba en su clímax la pequeña se aserco y apretando un botón rojo todo se paro y la puerta se habrio lentamente y en ese momento cuando me disponía a abandonar ese lugar voltee hacia la niña y le extendí mi mano con el billete de cien, ella sonrío y me dijo “no se apure” baje del autobús eche una ultima mirada a la pequeña y metiendo su mano en su bolsita saco mi cartera.
Datos del Cuento
  • Categoría: Urbanos
  • Media: 5.66
  • Votos: 38
  • Envios: 1
  • Lecturas: 3290
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