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Categoría: Hechos Reales

el placer del trabajo

Un soleado dia, fui a un peregrinaje donde existen esos santos populares, donde la gente deposita su confianza. Me levante a las 6 horas y sin descansar, todo el trayecto me llevo mas de 2 dias. Partimos con la ambulancia; como todo hombre precabido siempre llevo comida y bebidas para no pedir a nadie nada. No se si es un defecto, pero uno aprende que si uno pide un favor. Siempre lo tendra que devolver multiplicado por tres. En ese peregrinaje habia gauchos eran alrededor de 3000, nos repartiamos el trabajo de un lado al otro para prevenir algun problema sanitario. Era hermoso ver como la gente a mi alrededor. Me obsequiaban uvas, me convidaban con vino artesanal; alli... no se puede rechazar el convite, es ser desagradecido. Al fin llegamos al primer puesto, en ese lugar a cielo abierto, uno se tira con lo que tiene una frazada, o sino con las botas puestas y una campera para no enfriar el cuerpo. Apenas duerme cuando el frio va calando los huesos, Me hizo recordar aquella ves, en los Andes. El frio extremo calo tan hondo, que me pinche unas agujas en mi cuerpó, para no dormirme y morir helado. solo el dolor lo mantiene despierto, como tambien creo que el dolor en la vida, le permite crecer como persona. Se siente una piedra, frio y sin poder dormir bien. Tampoco bañarse con ese olor a sudor impregando en su cuerpo y sin afeitarse, ni asearse. Se levanta cuando no se puede dormir y se toma unos mates, mientras va devorando lentamente, unas sopaipillas o tortas fritas. Comer parado, lo que uno tiene, lo que dios le pone a su disposicion. Nada mas, que duro es para mi, siendo un hombre venido de la ciudad. Mis callos plantares, esas ampollas en los pies donde el liquiso seroso las hace brotar y duelen como cuando uno se quema. el pisar las rocas, lo agreste sin mas que su humanidad. Es hermoso ver a la gente que lo saluda y su gracia; como aquel pibe me dijo: lleva suero tordo vamos a quedar muertos, mientra tomaban un vaso de un vino. O en aquel paraje, donde los lugareños tienen un solo lugar de diversion y alli se ve la crudeza humana en su dimension. Ojos fijos, duros, petreos, como de enfrentemiento, pero se aprende a pasar desapercibido. En un lugar llegando a la vera del camino, una familia se cayo con el sulqui, alli uno se acerca con lo que tiene y la evacua para poder trabajar en equipo con otras personas del lugar. Llegando a ese paraje ve los pequeños altares, de algun muerto en la ruta y alli dejan las pertenencias del occiso. Quiza pienso el recuerdo de esa persona y no el olvido de la gente, sabiendo que en otro momento vivio y fue feliz. La entrega, el sacrificio de estar a disposicion, cuando a veces uno no tiene ganas de nada. A la vuelta con mi gente, uno recuerda esas pequeñas cosas que le da la vida, recuerdo lo bueno, por ejemplo las estrellas cerca de uno durmiendo en la intemperie, viendo la cruz del sur para ver la ubicacion y donde uno esta parado. Al llegar a mi humilde casa, dormi placidamente despues de haber echo lo que tenia que hacer. darse un buen baño, sentir que los pies no responden pero el baño, sienta bien y que solo duerme como un niño sin despertarse de nada.
Datos del Cuento
  • Categoría: Hechos Reales
  • Media: 5.27
  • Votos: 73
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