de frente, me dijo el niño mientras no sabía hacia dónde me dirigía, o a la vida o la muerte. tenía tantas vidas en mis manos que decidí tomar la decisión mas pertinente. seguí de frente y al final del camino estabas tu, siempre tu, sentado con todo ese oro alrededor de tu grueso cuello, y esa arma apuntándome a la cabeza. ¿me esperabas?, preguntó. sí, le dije. luego, disparó y morí como un pedazo de bolsa de sangre. agonizaba cuando el hombre me dijo que no era necesario haber tomado semejante decisión. la tomé y eso es todo., respondí. le vi irse, dejándome en medio de un charco de sangre cada vez mas grande. me hubiese gustado que acabase de una vez conmigo pero no, no lo quiso así, por lo que seguí muriendo. la noche llegó y mis fuerzas eran cada vez mas y mas débiles. una señora se acercó hasta el lugar en que estaba y lanzó un grito. luego, corrió y cuando mucha gente con sus autos llenos de luces se acercaron, morí para siempre. y cuando exhalaba el último halito, volví a ver al niño, diciéndome: de frente, de frente. seguí el camino hasta el final del camino en donde un hombre de ojos brillantes me esperaba, tenía algo para mí. ¿lo quieres?, preguntó. sí, respondí. abrió sus manos y sentí que entraba a caminar de frente en medio de las líneas de sus enormes manos, inmensas y llenas de líneas oscuras, antes la luz de sus ojos brillantes.
san isidro, febrero del 2008