aún podía caminar. es duro el piso cuando estás agotado, desinflado, sin ganas de nada, mas que llegar a tu casa y dormir sin soñar. pero, aún faltaba tanto. pasó un auto. alcé las manos, no se detuvo. seguí mi camino, un paso, otro, otro, otro. es raro andar en plena oscuridad, lejos de toda la ciudad y sin nadie que te recuerde. no recuerdo cuánto había pasado, pero los autos seguían pasando por la carretera. cierto, estaba en plena carretera. atrás no quedaba nada importante. nunca fui especial, como para que me recuerden. no sé cómo, pero llegué a un grifo de autos. me detuve y vi a cinco empleados, parados junto al grifo. todos uniformados, riendo, como si todo fuera normal, a pesar de estar tan lejos de la gente, pero, uno a todo se acostumbra. me acerqué a uno de los empleados y le pedí un poco de agua. con su mano apuntó a una esquina del centro gasolinero. gracias, le dije. caminé y entré a un pequeño baño. encendí las luces y vi un caño. me sacié la sed y luego, me lavé la cara. ya más tranquilo, limpio y con los pensamientos más claros, le pregunté al empleado si podía ayudarme a conseguir un auto para viajar como bulto. sonrió y dijo que puede ser. me senté cerca del muchacho y esperé. un auto con dos personas se detuvieron en el grifo. les pregunté si podrían llevarme. luego de revisarme de pies a cabeza, me preguntaron hacia adónde iba. les respondí que lejos, muy lejos de todo. me miraron a los ojos y sin decir nada, partieron. los autos seguían pasando hasta que me di cuenta que nadie me ayudaría. ya estaba por irme cuando uno de los empleados me preguntó si sabía jugar a las cartas. le dije que sí. jugamos hasta pasado el amanecer. me invitó un desayuno, y luego me preguntó si le gustaría quedarme a laborar con ellos. me llamó la atención aquella propuesta y sin pensar nada, le dije que sí, que no sabría por cuanto tiempo, pero que sí, con mucho gusto. es extraño como suceden las cosas. han pasado los años. los empleados se han ido, los dueños han cambiado, pero, yo, aún sigo aquí, en el grifo. de cuando en vez se me ocurre pedirle a un auto si podría llevarme a cualquier lado, peor, cuando dicen que sí, algo raro me ocurre. es como si me pusieran alfileres en los dedos de los pies, y me detuvieran las palabras y la mente. sonrío y les digo que es una broma. todos se van y todos llegan. tengo el sentimiento que todo en la vida es así, una larga espera, negra, negra, como todas las noches.