a veces, el amor no tiene nombre, solo la senscion de la caricia, esa que rebasa los sentidos, de cuando se roza la piel tan solo con la mirada, dentro de la confusion, esta la voragine, nadie esta solo, aunque en solitario se pueden decir y hacer muchas cosas, contemplar los cuerpos inertes que dan las palabras, paladearlas y encubrirlas tal como los sentidos, hacernos complices de la verdad absoluta, disernir de lo desconocido, entretener el tiempo de la muerte, y saber que todos estamos perdidos.
el amor no tiene nombre, sobre todo cuando en el lecho, una mano descansa sobre el pecho u estomago de alguien, el amor no tiene nombre, sobre todo cuando no haya nada que tocar, ni tan solo un roce de labios mezquinos, ni la sobriedad de un cuerpo desnudo, ni la desesperanza de saberse inmerso en la plenitud de la noche.
el amor no tiene, porque tan solo es un viejo cuento, una leve fantasia, un desbordamiento de locura, una sin razon por lo secreto, por las palabras susurradas, por la ternura, por la comprension, por la lista de espera en cualquier sala de partos, por las fiestas acongojadas, por las salidas al pie de la lluvia, por las tardes en vela, de grises tolvaneras.
el amor no tiene nombre, ni tan solo un domicilio postal a quien entragarle el alma dentro de un paquete, ni de quien afianzarse al filo de los revolcaderos de aguas marinas, ni al filo de los asoladeros, ni de los acantilados, ni de las risillas traviesas, el amor no tiene nombre, tan solo un puerto donde solos descansar de la vida como mañana cansina.