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Categoría: Infantiles

Ya no estoy malita

(Para Lian)

Ciertamente las últimas dos semanas no han sido de lo mejor ya que mi estomaguito como que no me ha pedido comidita, bueno para mi comidita es la papilla que me preparan con verduritas tiernitas bien cocidas con poca sal y medio martajadas ya que ya tengo unos dientecitos y hasta me están saliendo unas muelitas que me están dando mucha lata, me da comezón, dolor, escozor, quemazón, ardor, ansia, malestar, molestia, incomodidad, tortura, martirio, punzada, aflicción, desazón, la verdad es que como aún no se hablar no sé como decirlo pero creo que alguna de esas palabras expresa más que adecuadamente lo que siento en mi boquita.
Sí Pame estuviera aquí ya la estaría oyendo;
- ¿Qué rollo es ese Lian? ¡No manches!. Casi escucho a Norsi-Bo con uno de sus enredos de vocablos que solo sirven para enredarnos y dejarnos sin entender lo que quiere decir
- No es rollo Pame, créeme. ¿Verdad Chellín?
- ¿Eh, eh? ¿De qué se trata?
- Pues de que Lian hereda los genes que generan una cantinela letánica para decir algo simple.
- Pero es que, es que.
- ¡Momento! Eso es mío. ¿No es cierto Chellín?
- Pues, si, eso es tuyo
- Bueno ya dejen de molestar que ya empiezan a parecerse a mis muelitas. ¡Ya no me den lata!
- Eso, eso.
- Eso qué
- Pues que basta con que digas que te están dando lata.
- ¿Quién?
- Quién no, ¿Qué?
- ¿Ustedes o mis muelitas?
- Tus muelitas chaparrita, tus muelitas.
- ¡Ah!
- Bueno pues entonces va de nuevo. Sucede que mis muelitas me han estado dando mucha lata y no he podido comer solo he tomado agüita.
- ¿Solo agüita?
- Bueno y también lechita de mí mamita.
- ¡Ah! Menos mal
- Y lo que si es que he dormido mucho y hasta pude soñar.
- ¿En qué soñaste?
- Que estaba en mi camita y que al darme vueltas me caí en una caja que adentro era una feria como la de Chapultepec, con su volantín, sus caballitos, sus trencitos, su montaña rusa y muchos, muchos juegos más. También había muchos puestos donde podías comprar Algodones de Azúcar, Palomitas de Maíz, Raspados, Nieve de Limón, y muchas golosinas que no podía comer.
- ¿Por qué?
- Les digo que estaba malita de mi estomaguito. Chellín insistió y nos subimos a la Montaña Rusa y cuando estábamos hasta arriba, de pronto se abrió un huequito en las nubes y por ahí se asomó la Señora Luna, me sonrío, me guiñó un ojo y me dijo que no me preocupara que pronto ya estaría bien. Pame nos había comprado unos Algodones de Azúcar y el mío se convirtió en un muñeco que se parecía a los muñecos de nieve que hacemos en invierno y también empezó a platicar conmigo y con la Señora Luna. Sin darnos cuenta, al abrirse las nubes, por ese huequito se asomó un fantasmita, primero con algo de timidez pero que al vernos cambió y bajó al lado de Pame y le empezó a platicar que era un fantasma que gustaba mucho de bailar. Eso bastó para que iniciaran una charla que duró el recorrido de la Montaña y algo más. Antes de que el recorrido terminara, el fantasmita, que por cierto se llama “Hala” nos tomó de la mano y empezamos a trepar por una espiral de estrellas que nos llevaron hasta la misma Señora Luna. Ahí, considerando que eran las cinco en punto de la tarde, nos invitó una aromática taza de infusión para lo cual ya tenía preparada una mesita cubierta con un coqueto mantel tejido que según nos comentó, durante la charla que sostuvimos mientras nos deleitábamos con el delicioso brebaje mismo que acompaño con sabrosísimas galletas de jengibre como las que hizo Chellín, que era un obsequio de la Abuela Lancho. Sobre la mesa nos esperaban cuatro humeantes tazas que con parcimonia bebimos extasiados con la magnifica vista iluminada por el resplandor de la Tierra en un azuloso atardecer. Al terminar nos despedimos no sin antes prometer que regresaríamos. Bajamos por un tobogán de árboles rugosos como los de los bosques de Saint Paul, (Perdón Pame San Pablo. Durante nuestro regreso muchos Gnomos nos saludaron con una lluvia de burbujas, atravesamos el arco iris y al final fuimos recibidos con los brazos abiertos por nada más y nada menos que por Pócolo que nos recibió con una charola de exquisitos chocolates de los que tomamos “Un chiquito y ya”. En un instante nos vimos en la sala de casita y nos quedamos dormidos en los sillones. Cuando desperté sentí hambre, vi que Chellín se comía una manzana y Pame un Panqueke con cajeta y una bola de helado y un vaso con leche y me di cuenta que ya tenía hambre. Le jalé la nariz a mí papito y le pedí comidita, quería pollito, sopita, frutita, lo que fuera pero ¡Ya!. Por más que le grité no me hizo caso, bueno lo que pasa es que aún no hablo. Lo bueno es que Chellín me entendió, le hizo una seña a Pame y entre los dos me prepararon una Queka que me supo a gloria.
- ¿Ya no te dolía tu estomaguito?
- No, ya podía comer.
- ¡Qué bueno!
- Bueno es que hay quien si me entiende.
- ¿Quién?
- Pues además de Pócolo, tu Pame y tu Chellín. Tendré que esperar a hablar para que los adultos me entiendan.
- Ja, ja, ja.

Mayo de 2010
Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
  • Media: 7.32
  • Votos: 47
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