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Voló mi pañuelo...

Voló mi pañuelo, se deslizó de mi cuello con delicadeza y con una silenciosa música de libertad ascendió al cielo. El viento era fuerte, esa constante brisa marina tan conocida en mi tierra se reconoce en cualquier lugar en el que sopla con la misma intensidad, con el mismo olor, con la misma humedad marina. En aquella ciudad, distinta a la mía, extraña y a la vez... por motivos ya tan dispares, tan cercana, tan impregnada de sensaciones de ternura, en aquella ciudad, voló mi pañuelo. Yo en realidad no lo ví partir hacia el cielo, no lo ví arrastrarse, ni descender cansado, su sedosa figura apenas pesaba así que debió alejarse por encima de las arenas, rumbo al mar... mientras paseábamos al borde de la playa, pero yo no lo ví ni alcanzo a comprender en qué momento se escabulló de mi piel. Quizá por ello pudo escaparse de mi en otra playa más alejada, hacia las baldosas del paseo para enrredarse juguetón en algún banco o caer derrotado junto a algún columpio de un parque infantil cercano, o tal vez lo perdí al ir a comer, o al aparcar el coche y salir o caminado por la avenida o finalmente ya en aquella vieja casa que visitamos a primera hora de la tarde, yo no aprecié su partida, pero cuando advertí su ausencia habíamos ya recorrido una buena parte de las calles de la ciudad, bajé mi cabeza hacia el suelo, como interrogándolo, me llevé las manos instintivamente hacia el cuello, miré hacia atrás, mi pérdida parecía que quedaba ya lejos en distancia y horas, entonces alguien me dijo, si quieres nos volvemos a buscarlo, puede que aún lo encontremos por ahí, déjalo, contesté yo, eso ya me sucedió una vez, perdí un pañuelo, pasaron horas y al regresar por el mismo camino de ida lo encontré, como tirado, esperándome, lo recogí como si fuera algo natural y marchamos los dos juntos, como habíamos salido de casa. Dejalo, repetí, habrá volado, no pesaba nada, tal vez quería quedarse un ratito más tomando el sol en esta ciudad... tal vez le guste el lugar, dije sonriendo, mis últimas palabras se me enrredaron en el corazón y acariciaron por un instante mi pensamiento como la sedosa tela de mi pañuelo perdido. Luego añadí, qué pena, le tenía cariño... y terminé diciendo, alguien lo encontrará y será seguro como un regalo.

Perdí mi pañuelo y mirando hacia la playa del Poniente, allá a lo lejos... seguía sin ver ningún pañuelo debatiéndose en duelo con el aire, nada... pero por un instante sin saber muy bien porqué yo sonreí, mi mirada se perdió hacia adelante imaginando unos sedosos colores que se retorcían en el viento para luego caer exhaustos, con suavidad, en unas conocidas y grandes manos en cualquier parte de la ciudad, daba igual, en cualquier parte. Imaginaciones locas, me dije con rotundidad volviendo mis pensamientos al terreno de la lógica, tan solo mi pañuelo voló por el viento, se perdió, ya no lo encontraré, sentencié en mis adentros.

Nos dirigimos al parking subterráneo, al llegar al coche abrí el maletero para depositar unas bolsas,cuando iba a cerrar mis ojos se quedaron fijamente mirando en una zona, mi bolsa de mano que suelo llevar siempre en mis viajes en el coche se había caido y asomaba por su borde otro pañuelo también de seda, seda verde, recordé que lo había metido en aquella bolsa en un viaje de hacía ya unos meses, por si lo necesitaba pero no lo utilicé y allí lo había olvidado... lo cogí en mis manos, estaba como hechizada mirándolo, ese pañuelo tenía su historia para mi, llevaba sus propias caricias recogidas en la tela, como si fuera algo que debía hacer me lo anudé al cuello, cerré el portón y entré en coche. Alguien me dijo ¿otro pañuelo?, pero... ese no es el que has perdido ¿cuántos llevas? yo simplemente volví mi cabeza para contestar, tienes razón tengo varios, es que me gustan los pañuelos, no pude decir más, no sabía qué más decir ni podía justificar de manera sensata porqué me lo había nudado al cuello. Pues te queda muy bien con esa camisa verde ni que lo hubieras traido aposta, añadió. Ya, dije yo, no recordaba que lo tenía en el coche, de nuevo callé, detuve mis pensamientos unos segundos y luego añadí: está claro que en esta ciudad el pañuelo que antes llevaba no era el más adecuado.

Alguien me miró con cara de sorpresa tratando de adivinar qué quería decir, pero yo no dije nada más, arranqué el coche y salimos al exterior. Mi cuello se acariciaba con la suavidad de una tela, de un color, de un pañuelo, mis ojos se perdieron entre los recuerdos, mi corazón palpitó un poco más rápido, al salir de la ciudad ya no recordaba el color del pañuelo perdido solo acariciaba en mi alma el pañuelo encontrado.

Prosiguen las magias, se confabulan los astros para recordarte, esto es una pesadilla, una dulce pesadilla que soporto en silencio, si acaso, vuelco en estas palabras reales una pérdida, un encuentro... algo mágico, un pañuelo que voló.

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13 de Julio de 2005, historia de un pañuelo en tu ciudad o de una ciudad en tu pañuelo.
11 de Julio de 2007, ¿escribiré un nuevo instante mágico sobre ti?
Datos del Cuento
  • Categoría: Hechos Reales
  • Media: 5.99
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Comentarios


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3 comentarios. Página 1 de 1
Angel F. Félix
invitado-Angel F. Félix 22-07-2005 00:00:00

…cuando hay arte, Escribir sobre pañuelo, decir algo o decir nada, es un don inapreciable que solo al artista le cabe. (“Voló mi pañuelo…”, de Lágrima Azul)

Lágrima Azul
invitado-Lágrima Azul 19-07-2005 00:00:00

Ay, sonrisita, me alegro de haber encontrado el otro pañuelo, no te lo voy a negar, pero es la vida la que juega a que pierda uno y encuentre el otro, todo es un juego, pero en la realidad al llegar a casa me quité el pañuelo con tristeza, porque solo es un pañuelo perdido y otro hallado, y luego, cuando me aprieta la nostalgia, transformo ese recuerdo en palabras de cuento. No, ese pañuelo que no recordaba estaba en el maletero de mi coche no hace contraste con nada mío, va a juego con mi alma, y acaricia con la misma suavidad mi piel por eso trato de olvidarlo, es algo muy diferente, pero gracias por expresar tu comentario. mi sonrisa para ti

Sonrisita
invitado-Sonrisita 18-07-2005 00:00:00

Ay Lagrima Azul, me alegro que dejaras aquel pañuelo, si se deslisó y voló fue porque no te quedaba bien. Espero que ese otro pañuelito, del que no te acordabas, pero siempre estuvo allí, haga contraste con todo lo que llevas en tí.

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