Siempre he sido inquieto, me siento atraÃdo con lo relacionado a misterios y enigmas, pero nunca he quedado tan impresionado como esa vez, lo que
vi solo lo puedo escribir, comentarlo, imposible.
Lunes 3 de octubre de 2004.
Estando en mi PC escribiendo un artÃculo sobre los meteoritos más peligrosos para la tierra por su posible impacto, sonó repentinamente mi telefono, crei invariablemente que se trataba de la redacción de la revista para solicitarme otro artÃculo, casi lo crei asÃ.
***Hola...
///Hola, no cuelgue por favor, necesito hablar con usted
***Quien habla....
///Usted no me conoce, pero he recibido buenas referencias de usted en cuanto a su trabajo editorial, necesito verlo..
***Disculpeme, pero aun no me ha dicho quien es usted....
///Mire llameme Miguel, ¿cuando nos podemos encontrar?
*** Miguel ¿verdad?, mire, que es lo que necesita, en estos momento me encuentro muy ocupado y creo que no puedo atenderlo...
///Lo único que le puedo decir por el momento, es que existe algo que necesito que usted documente, es un asunto muy delicado, además es muy arriesgado, pero necesito verlo, para poderle dar mas razones, se lo suplico, ¿cuando podemos vernos?
Ante tanta insistencia de áquel hombre, accedà a la cita el dÃa de mañana, quedamos de vernos en un café que se encuentra a dos cuadras de la revista para la que trabajo, realmente me encontraba desconcertado, no tenia la mas remota idea de lo que se trataba, en fin pensé, mañana lo sabré.
Asà que concluà mi dÃa, enclaustrado en ese sillón y frente a mi PC tratando de terminar mi artÃculo que saldrÃa publicado el domingo.