~Elvio Lento era un tipo cruel, malvado, desde siempre, no sólo lo era con los seres humanos, lo era con todo lo que no fuera él.
Ya de pequeño mantenÃa a azotes a sus hermanos, ni sus padres se animaban a enfrentarlo, nadie levantaba la cabeza en su presencia.
Hasta cuando ya mayor se compró una pistola y manejaba a todos a los tiros, aunque más no fuera en las “patasâ€â€¦ Para acobardarlos, nomás, para someterlos y seguir siendo él quien mandara.
Elvio azotaba a los árboles, y en su casa no nacÃa ni la gramilla, las gallinas eran decapitadas no sólo si no ponÃan huevos, sino, también si éstos, no eran lo suficientemente grandes…
Una vez se casó con una mujer medio chiflada la pobre, Elsa Pallo, ella ya venÃa al matrimonio con dos niños, pero con una herencia pequeña, que para la pobreza y la poca gana de trabajar de Elvio, fue suficiente para tomarla en matrimonio. Tuvieron dos hijos más, una niña que salió pintada a él, cara de mala, también obesa y oscura como un tonel y otro niño medio bobo, al que maltrató a su gusto, igual que a su esposa.
Pobres vÃctimas de la violencia de este maldito ser. Una y otra vez ella desaparecÃa por dÃas, igual que sus hijos mayores, sin dejar rastros,
Hasta que en una oportunidad desapareció por completo, se decÃa que la habrÃa matado a golpes, pero nunca nadie se atrevió a averiguar la verdad.
Se le habÃa dado por los perros de carrera, últimamente, una manera de sacar unos pesos, se supone.
TenÃa alrededor de diez, que daban alaridos por el patio, molestando a los vecinos, haciendo que las siestas y las noches fueran un infierno, pues los pobres animales comprados, tal vez en lugares en que vivÃan bien, llegaban allà y ni agua para beber, han de haber tenido…Se lamentaban con indescriptibles llantos, que partÃan el corazón de todos aquellos que alcanzaban oÃrlos.
El maltrato, los gritos, la crueldad con que eran tratados, hacÃan que hasta al más santo le daban ganas de degollar a este hombre!
Una tarde en que no se sabe qué estaba haciendo con una jeringa, (alguien dijo que cambiaba la sangre de los animales para que corrieran más rápido…¿?). Seguro que algo bueno no era, pues estaba casi escondido entre unas chapas donde dormÃan los caninos. Cuando uno de éstos, aprovechando, tal vez lo angosto del lugar se abalanzó sobre su cuello y le arrancó de cuajo la yugular, mientras que los demás salÃan en tropel, como festejando el fin del infierno…Y él con los ojos desorbitados yacÃa con el cuello casi despegado del cuerpo crasiento y asqueroso, sin que nadie hiciera otra cosa, que una denuncia a la policÃa.
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