El veneno circulaba por mi cabeza. Había perdido noción del tiempo, apenas si podría pensar en quién era. A veces sucede. Se me nubla la visión y sólo pienso en matar. Asesinar y vengarme de aquella vergüenza. El odio y rencor en mis dientes. Brotaba ese color rojo dentro mío. Apretaba mis puños. Sólo mi cuerpo sentía y veía lo que pasaba por dentro.
De repente oí un sonido agudo. Monofónico. Desagradable diría.
Otra vez un mensaje de texto al celular me salvó. Se desprendieron la sensaciones agrias, abrí el puño, volví en mí, en la cocina y en el día. Relajé el ceño, solté la mandíbula de esa prensa fortificada y la respiración se normalizó.