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VIGILIAS CREATIVAS

Ya era pasada la media noche y no podía dormir, a pesar que la noche anterior no pegó un momento los párpados. "¿Estaré volviéndome loco?", se preguntó, mientras cogía nuevamente lápiz y papel, se sentaba sobre su escritorio y, con un par de velas, empezaba a escribir de todo aquello que le había ocurrido durante el día...

No bien había llegado a su oficina aquella mañana, cuando su jefe lo llamaba para exigirle que se quedara toda la noche haciendo inventario general de todos los productos de oficina y de fábrica. Trató de contarle al jefe que hacía varias noches no dormía, el patrón le dijo que callara y que lo esperaba por la noche, para conversar. Sin embargo, durante todo el día que estuvo ordenando archivos de la fábrica, y pensó que lo que producía no era para él, que sería mejor renunciar, cambiar de aires, ponerse a escribir, mandar sus textos a varias editoriales, etc.

En esos pensamientos se hallaba cuando sintió que algo le golpeaba la espalda, haciéndole caer al piso ante las risas de sus demás compañeros. No bien se paró, vio que lo que le había caído era una inerte paloma gris que con gran suerte había atravesado la ventilación de la oficina, cayendo justo, justo encima de la pobre humanidad de nuestro personaje...

Se paró y cuando estaba por levantar la paloma, notó que aún no moría, sus alas y ojos aún vibraban, destilaban vida. Ante ello, se asustó, pero al ver que todos los ojos de los oficinistas se posaban sobre él (incluso su jefe), como acusándole que debiera solucionar el problema. Un calor comenzó a circularle a través de sus venas, y sintió como un odio ante aquellas gentes, como si todos fueran esas marabundas de la curiosidad…

Quizás fue el impacto que vio ante él la forma de su mirada lo que le hizo decidirse a abandonar su trabajo, o la inhumana manera de tratar a una paloma herida, no lo supo bien, pero aquello, fue suficiente para renunciar al trabajo, jurando no volver jamás. Por supuesto que antes de salir cogió a la paloma y envuelta en sus saco se la llevó.

Ya en la calle vio como el sol comenzaba a cargarle de fuerzas a la paloma, pero noto que casi toda su piel estaba lleno de bichos… Ante esto pensó un instante en abandonara al avecilla, pero sintió que debía cuidarla, al menos, por un día… Y allí estaba, alimentando a la avecilla, mientras cogía su pluma y trataba de escribir algo importante… De pronto vio al ave volar por todo el espacio de su cuarto, como si tratara de escapara. El muchacho abrió la ventana en la cual la pobre paloma se chocaba una y otra vez, sin entender nada…y élla, salió volando como si las fuerzas le hubieran regresado…

Se alegró ante aquel espectáculo y comenzó a limpiar toda su casa. Cuando ya había terminado vio que en su ventana una serie de palomas se posaban por toda la ventana… Cuando se fue a mirar el espectáculo vio que, una manada de palomas, descansaban sobre todo el borde de su casa… Todo seguiría feliz si no fuera porque dejaban sus eses adornando y aromatizando toda su pieza… Luego vio como desde el atardecer lentamente todas ellas se iban volando en grupos en direcciones desconocidas.

Cogió su lápiz y papel y cuando estaba a punto de escribir acerca de las aves, una manada de insectos comenzó a llenar su pieza. Cogió un insecticida y trató por varias horas de matarlas, pero si bien desaparecieron siempre sentía como miles de ojillos esperando que apague las luces de su cuarto…

Y allí estaba, sentado sobre su escritorio, escribiendo un relato acerca de lo más importante para él, y, sin saber cómo, continuó escribiendo y escribiendo sintiendo que en aquel instante todo el universo se ponía a observarle, en total silencio…




Surquillo, enero del 2005.
Datos del Cuento
  • Autor: joe
  • Código: 13043
  • Fecha: 21-01-2005
  • Categoría: Tradicionales
  • Media: 5.86
  • Votos: 204
  • Envios: 0
  • Lecturas: 2649
  • Valoración:
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