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Una noche fría (2)

Era una fría noche oscura. Puede suceder que lo era, en realidad, ya ni sé. No importa... era una noche. De esos momentos en los que uno se encuentra inmerso en su propio delirio solitario, zambullido en Su persona. Tiempo de replanteos ligados a actitudes, sentimientos y pensamientos que hasta el momento formaron y determinaron su persona.
Así es cómo estaba, ese era mi escenario: especie de burbujas danzantes que suelen aislarte de la realidad. El resto no me importaba; solo yo, solo con mi existencia. Notaba que tantas cuestiones que antes me resultaban indispensables, ya dejaban de serlo. Mi vida iba pasando tan velozmente sin que nada le diera un verdadero significado. Me encontraba como desconcertado, sin saber a donde dirigirme, con quien encontrarme y de quien perderme. Suponía que esto ya le había sucedido a cada ser en la tierra y sino, empezaría a preocuparme…
En fin, me encontraba boca arriba, ido como nunca antes. Lo único que recuerdo perfectamente era el marco de la situación: la lluvia. Unas finas gotas emitían un sonido al chocar contra la ventana adecuado a mi estado emocional, como una melodía a mis pensamientos.
Era el momento ideal y circunstancial para poder pensar, reflexionar o más bien entender ciertos sucesos en mi vida. Ciertas actitudes, ciertos rencores. Ciertas dudas, ciertas cobardías. ¿Cuál era mi sueño? ¿cuál era mi propósito? ¿Tenía alguno?
Hasta ese día siempre había actuado de una manera que no ansiaba tan sólo para convencerme de mi omnipotencia, de mi fortaleza frente a la vida (para sentirme seguro de mí mismo) porque sentía que poco a poco, inevitablemente, me iba desmoronando.
Era necesario que cambie de alguna forma, en algún aspecto porque, a pesar de todo, me lastimaba y lastimaba a los demás. Mi narcisismo me cegaba de la realidad y me hacía olvidar que yo era uno más entre todos, nada más. Que mis comportamientos y actitudes, mis juegos y mis vueltas no hacían otra cosa que confundir e ilusionar hiriendo a personas que yo apreciaba mucho. Pero en realidad, el que estaba equivocado era yo. ¿Cómo podía pretender no confundir a los demás si yo no estaba seguro de nada, ni de mí mismo?.
¿Iba a poder enfrentarme? ¿A ese otro yo que invadía mi conciencia? Esa incertidumbre me generaba cierto desosiego. Y el desosiego, la desesperación. Y la desesperación, la angustia.
Esa irremediable congoja me impacientó. Era la primera vez que me encontraba tan angustiado y me sentía tan pequeño e insignificante.
Quizás algún hecho en particular me llevó a pensar en lo que era y en lo que me estaba transformando: un monstruo temible del que todos huían.
Ese camino reflexivo me condujo indefectiblemente a esa dulce persona.
Pensaba: ella se escapó de aquella criatura. Las ambigüedades y los juegos sin sentido la alejaron y le generaron cierto desprecio. No era mi verdadero yo el que con unas dulces palabras oscilaba entre “ siempre” y “nunca” . De nada servía lamentarse pues ya la había perdido.
Sus palabras ya no tenían el mismo significado. Ya su dulce sonrisa no era tan dulce cuando me miraba y sus ojos no brillaban como solían hacerlo.
Por eso ahora me encontraba y me sentía solo. En ese cuarto frío y oscuro. La luz se alejaba y volvía la soledad. Esa soledad que había elegido y de la cual no podía arrepentirme.
De pronto, un estruendo hizo volverme a la realidad. Me encontraba en ese cuarto, con esa lluvia. Sentía que la soledad se estaba apoderando de mí. Por eso decidí liberarme y escapar. Huir de todo.
Salí a la calle. La extinguible luminosidad de esa vereda, el sonido de las ramas movidas por el viento, la finísima lluvia que me golpeaba la cara. Y empecé a correr sin rumbo. Había perdido el control de mis piernas; ellas me llevaban por las solitarias calles de Buenos Aires. Cuando logré serenarme y descansar de tanto agite, me encontraba frente a su puerta. Algo me había llevado hacia ella ¿habría sido su aroma? ¿habría sido su dulce voz que constantemente me susurraba al oído? No lo sé. Pero allí estaba. La lluvia había cesado y comenzaba a asomarse el sol.
Datos del Cuento
  • Autor: flor
  • Código: 11040
  • Fecha: 26-09-2004
  • Categoría: Sin Clasificar
  • Media: 4.95
  • Votos: 57
  • Envios: 0
  • Lecturas: 889
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