Cada mañana era la misma historia...encender esa vieja lámpara, abriendo sus pequeños, y habitualmente hinchados ojitos azules,y ponerse en pie para empezar a trabajar,o más bien a servir, a aquel desconocido que tenía por marido.
Desde que se casaron, todo había cambiado.El amor que quedaba era casi nulo, y las palizas constantes.Aryna, que así se llamaba la mujer, vivía de los sueños...de las ilusiones...
Hacía ya mucho, una mañana camino del mercado, conoció a un chico;y los dos se acabaron enamorando.Lo que le mantenía viva era él, sus escasos besos,sus pocos encuentros, sus suaves sonrisas...un gran saco de sentimientos maravillosos(llamémoslo amor), que poco a poco la fueron abriendo los ojos.
Esa tarde de abril,fue mágica,especial, un encuentro con la libertad...Aryna salió de su casa,con una bolsa de ropa y unas enormes ganas de vivir,de querer y de que le quisieran.Sólo tenia claras tres cosas: por amor,hay que arriesgarlo todo;nada ni nadie,tiene derecho a nublarnos la vida,que es muy linda y hay que disfrutarla, y hay que seguir siempre para delante,que para salir el sol,siempre se tiene que hacer antes de noche.
No sabía que pasaría,que sería de ella, o adónde iría,pero algo por dentro le decía que todo iba a ir bien...y así fue,los sentimientos más profundos del alma,si son puros y verdaderos nunca se equibocan...Aryana hizo bien en hacer caso a lo más profundo de su ser.
Acabo de leer otro cuento que tienes, es de hace mucho tiempo pero no lo había leido nunca. Es bello lo que expresas, es real, es humano y tiene un puntito de esperanza para todas las personas que sufren. Una bolsa de ropa o quizá unas cuantas cajas y el mundo de un amor de los de verdad por delante, como bien dices para que salga el Sol primero ha de verse la noche. Felicidades por este cuento! Un saludo