Tengo derecho a expresar mis reivindicaciones. Soy un hombre normal, corriente, de la calle. Sin embargo, mi creadora, esa fantasiosa, se empeña en incluirme en sus relatos descabellados. Ya verán ustedes que mi vida es de lo más vulgar y que serÃa mejor mantenerme en el anonimato.
Repito. No soy un extraterrestre. Como, duermo, trabajo cuando me apetece- casi nunca- y de vez en cuando me divierto con mis amigos. Me gusta viajar a dónde me da la gana. No me ato a nada ni a nadie y más o menos soy feliz. Pero ya que esta tÃa se empeña en que cuente alguna anécdota, pues se me ha ocurrido la siguiente, que como verán, no tiene nada de extraordinario.
Hace unas cuantas noches paseaba aburrido por las calles. Los cines habÃan cerrado y no me apetecÃa regresar a casa. TenÃa ganas de charlar con alguien y tomarme unas copas. Asà que, entré en la primera taberna que encontré abierta. HacÃa frÃo en la calle, pero el ambiente de la tasca era cálido. La timba se hallaba atiborrada de gente, sobre todo hombres, que gritaban, gesticulaban y fumaban. Unos vejetes jugaban al dominó y otros, jóvenes o de mediana edad, discutÃan sobre fútbol mientras un borracho desentonaba y destrozaba una vieja canción.
Me acerqué a la barra. Pedà una copa y luego otra y otra y otra...No sé cuántas copas me eché al coleto. Lo cierto es que el humo del tabaco y los vapores del alcohol nublaron mis ojos, obnubilaron mi mente, desataron mi osadÃa y soltaron las riendas de mi boca. Metà baza en la discusión sobre fútbol. Las voces subÃan de volumen.
La mÃa también. La temperatura del local subió. La mÃa también.
Alguien me insultó. Insulté. Me volvieron a insultar. Pegué. Me pegaron. Propiné un puñetazo. Me lo devolvieron. !Crash ! Una botella se estrelló en mi cabeza.
Empecé a sumergirme en un pozo negro y profundo. El aire parecÃa salir por todos los agujeros de mi cuerpo, como si me desinflara. El estruendo de las voces, la música estridente, los berridos del borracho, las fichas de dominó golpeando sobre las mesas metálicas se fundÃan en una inmensa bola caótica y la bola se achicaba y agrandaba, se retiraba y se acercaba como en un inmenso zoom.
Me desmayé, maldita sea. Me hundà en el pozo hasta el fondo. No sé cuánto tiempo estuve sin conocimiento, pero cuando abrà los ojos me encontré en un hospital. Intenté ponerme de pié, y las piernas no me obedecÃan. Apenas podÃa respirar, porque un peso me oprimÃa el pecho y los pulmones. Sin embargo, poco a poco, logré recuperarme hasta sentirme perfectamente. El botellazo fue de aúpa, pero ya ni me dolÃa. Asà que, como los hospitales no me gustan, me escapé, y aquà estoy.
Y esta es mi historia. ¿ Puedes decirme qué tiene de extraordinaria ? ¿ Qué tiene de fantástica ? Ni mi historia ni yo tenemos nada que merezca la pena. Incluso mi lenguaje es vulgar, de la calle. Lo que sà te digo, tÃa, es que lo pasé mal, aunque, después de todo se trata sólo de una de esas peleas cotidianas entre compadres que se exceden con unas copitas. Pero eso sÃ. Me vengaré. Entraré en esa asquerosa taberna. Devolveré ojo por ojo y diente por diente. Se los romperé todos al gallina ese que me propinó el botellazo. Porque fue a traición, seguro.
Aquà estoy, señores. ¿ Quién ha sido el desgraciado que me arreó ?¿ Tembláis de miedo ? Lo repetiré. ¿ Quién ha sido el cobarde hijo de mala madre que me dio el botellazo ? ! Que salga si es hombre ! Y qué hace ese tÃo borracho ? ! Es que no mira por dónde va ? ¿ No queréis pelea ? ¿ Pues sabéis lo que os digo ? Que a enemigo que huye...Me largo a la calle. De alguna manera, me he vengado.
Ya estoy más tranquilo. ¿ Pero qué le ocurre a la gente ? Caminan como tontos, locos, dormidos, embebidos en sus problemas, apresurados, sin darse cuenta de lo que pasa a su alrededor, ante sus narices. ! Son unos desgraciados ! DeberÃan sentirse como yo, alegres, livianos, despreocupados y con grandes deseos de bailar y cantar...! Gilipolla ! ! A ver si conduces con más cuidado ! ¿ Pero qué hace ? !!! Socorro !!!
Me levanto. No me ha pasado nada. Ni un rasguño. Bueno, continuaré mi paseo. Continuaré con mi vagabundear. ! Joder ! ! Cómo nieva ! Hay que ver la gente lo friolera que es.! Pero si no hace frÃo ! Hoy no tengo ganas de irme a Pernambuco. Aquà se está bien. Es divertido observar a la gente. Y estoy feliz, eufórico, ligero, ingrávido.
Ya habéis oÃdo mi historia. Soy un hombre normal, tan normal y tan bien me siento, que no me da la gana de irme a dormir. ¿ Y sabéis ? Voy a vivir ! a tope !, porque no necesito dormir, ni comer, ni descansar. Desde ahora ! a vivir a tope !
FIN