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Un nuevo amigo

Un día, después de tres meses de estar con Claudia, llegó algo inesperado, algo que cambiaría mi vida.

Claudia y yo estábamos solas, comiendo. Clemente, Isabel y Marina se habían ido a pasear. No esperábamos que llegara. Tocaron el timbre, yo fui a abrir, fue cuando, lo conocí: era alto, rubio y de ojos azules. Tenía características típicas de un francés.

Nos quedamos viendo por un momento, cómo que si nos estuviéramos viendo algún defecto.

—¿Quién es, Mónica?— dijo Claudia.

—Soy yo, madre.— Claudia parecía sorprendida al ver de pronto a su hijo. Se saludaron y Claudia me presentó. Andrés y yo nos saludamos y nos sentamos en la sala a platicar.

Claudia todavía vivía en Francia cuando dio a luz a Andrés. Vivieron unos años allá. Cuando los padres de Andrés se separaron, Claudia y Andrés se vinieron a vivir aquí.

Él estaba de vacaciones y hoy fue cuando regresó de ellas

Una hora después llegaron mis amigas. Isabel se sorprendió al ver a su primo aquí. Tampoco se esperaba que estuviera aquí.

Hablaron de todo. Yo estaba ahí viéndolos. Sentada y como una niña buena bien portada. Miré a andrés y sentí algo nuevo. ¡Ya sé! Lo mismo sentí por Anatole, pero esta vez era de verdad

Por fin se dieron cuenta que estaba en la sala. Yo empecé a contar de mi carrera, de lo que me gustaba hacer, de mis amigos…

—Y… ¿tu familia? No me has contado sobre ella, tus hermanos, tu padre y tu madre.— empecé a llorar. No me acordaba de ellos. Clemente hizo que me calmara y luego me hizo hablar.

Le conté todo acerca de mi familia: como eran, donde vivían… ¡Todo! Llegué a la parte del golpe y empecé a llorar de nuevo. Después de eso Andrés y yo salíamos todos los días. Ibamos al cine, al parque y a muchos otros lugares.

Andrés nunca conoció el castillo de Chapultepec, así que un sábado fuimos y le conté sobre Maximiliano y Carlota y la invasión francesa. Le conté sobre Emiliano Zapata y Francisco Villa. Ellos también vivieron en el castillo y sobre muchas otras cosas. Era muy divertido estar con él. Hubo un día en que nos empezamos a tomarnos de la mano.

Un día estábamos en el parque hablando de cuando estábamos en la secundaria. De pronto se detuvo y sacó una pequeña cajeta de piel y dijo:

—Mónica, ¿quieres ser mi esposa?— Estaba emocionada. Le dije que sí y de pronto él me dio un beso. No sabía cómo reaccionar, así que me dejé llevar. La verdad es que siempre cierro los ojos (casi siempre lo hago) me dejo llevar por el momento
Datos del Cuento
  • Autor: Miau
  • Código: 10596
  • Fecha: 23-08-2004
  • Categoría: Sin Clasificar
  • Media: 5.2
  • Votos: 86
  • Envios: 1
  • Lecturas: 1719
  • Valoración:
Comentarios


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2 comentarios. Página 1 de 1
culucucù
invitado-culucucù 30-08-2004 00:00:00

tu cuento es tan de novela mexicana con talia de protagonista! ahggg! que cursiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

Neo
invitado-Neo 26-08-2004 00:00:00

miau este cuento fue basado en la broma o q, me encanto