El hombre, feliz en su cotidianidad, habÃa alcanzado un status social digno de sus aspiraciones, incluso, hasta tenÃa esposa y unos hijos que lo veneraban en demasÃa. Era un triunfador dentro de los de su especie.
Un dÃa cualquiera, en vez de irse a trabajar como era su costumbre, optó por quedarse en la cama, de esa manera prolongar su apacible sueño.
Con lo que no contó el hombre fue la gran sorpresa generada entre sus seres queridos, quienes al ver la actitud de holgazanerÃa de su ejemplar padre, tejieron un sin número de conjeturas al respecto y, al no satisfacerse con ninguna de ellas, irrumpieron en la habitación donde soñaba el hombre, perturbando el sueño de este.
El hombre, sin decir palabra, se levantó de la cama, se duchó, se vistió y, sin desayunarse siquiera, salió rumbo a su trabajo. Obviamente se le habÃa hecho tarde.
Cuando todos esperaban el regreso del hombre a casa, en las noticias del mediodÃa, la esposa en compañÃa de sus hijos veÃan cómo, filmado accidentalmente, un hombre, se dejaba caer una y otra vez desde lo alto de un edificio. Sin duda, vÃctima de un suicidio premeditado, similar a tantos otros que a diario se veÃan por la televisión.
Si no hubiera sido por la algarabÃa protagonizada por la esposa y sus hijos al entrar en su habitación, el hombre hubiera permanecido unos minutos más en su intranquilo sueño, en espera, como todo hombre de hogar, responsable y cuidadoso de su trabajo, que el reloj diera las siete para levantarse e irse a trabajar.