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El sol cocÃa a fuego lento la hostil llanura. Un jinete cabalgaba reseco cual papiro arqueológico.
La ciudad árida y terrosa de Townville City se aplastaba en el centro de ese infierno con sus edificios color tierra en una tierra seca de color edificio.
Nemesio-Sinmotes-Kid entraba en ella. Nada menos que Nemesio Kid, el forajido más absurdo del far west, porque no lo buscaba ningún sheriff ni habÃa cometido delitos.
Nemesio dejó el caballo a las puertas del Saloón y entroó. El ambiente era realmente sórdido, los tipos que jugaban al póker eran sórdidos y el abuelo que se ajustaba la trompetilla al oÃdo era aún más sórdido.
Todo allà se veÃa antiguo y desvencijado excepto la dentadura de la corista que se la habÃan hecho nueva hacÃa un par de semanas.
El viejo pianista Al-Morraine- Kid llevaba tocando la misma tonadilla todo el dÃa. El público cada vez que la concluÃa le gritaba: !Otra, otra, otra..!, y él volvÃa a empezarla de nuevo. En realidad la gente le demandaba que tocase una distinta, pero él lo interpretaba como que la repitiese.
Nemesio Kid se apostó en la barra, escupió al suelo y exigió una botella de whisky. En su misma postura habÃan tres o cuatro pistoleros más que lo miraron de abajo a arriba sin despegar el mentón del pecho.
-¿Estás de paso, forastero?.- Le preguntó Joey-Caradehiena-Kid
-Hummm, sÃ, tal vez, depende de cómo se me den las cosas por aquÃ.
-¿Eres vaquero, trampero, cuatrero, buscador de oro..?.
-Forajido. Antes era herrero, pero me he hecho forajido, que es más emocionante.
-Vaya, debes de ser un tipo duro...
-¿Quieres saber hasta qué punto?.
-No me impresionas. Aquà somos todos duros. Ayer mismo, mi abuelita Juana-Perrodepresa-Duncan ahorcó a mi abuelo. En Townville City los divorcios son asÃ.
-Tierra de bravos parece, en efecto...
El pianista ya estaba aburriendo hasta a la cabeza de burro disecado que decoraba la chimenea con su maldita tonada. Nemesio miró a Joey y dijo:
-Ya estoy harto. Le voy a pegar un tiro en toda la mano al bastardo ese del piano.
-¿Eso vas a hacer, forastero?.
Nemesio Kid sacó su revolver y lo hizo girar en su dedo con una velocidad tal, que le salieron ampollas de primer grado. Lo enfundó y desenfundó con una rapidez fuera de alcance del ojo humano y disparó con una punterÃa digna del famoso Guillermo Hotel, el de los negocios hosteleros.
-¿Lo ves, Joey, como te dije, en toda la mano. Ese ya no toca más.
-!Diablos y centellas, Nemesio, eres increÃblemente diabólico. Le has pegado un tiro en la mano, pero has esperado a que se la estuviera pasando por la frente, cabrón.! !Y resulta que ese pianista era mi padre,(bueno, uno de ellos) y le has atravesado la frente de un balazo con riesgo de su propia vida!. !Esto no va a quedar asÃ!.
Joey le lanzó un directo a la mandÃbula. Nemesio lo encajó con deportividad y haciendo un amago con la izquierda, le soltó un fuerte codazo en el estómago. Joey se tambaleó dos pasos hacia atrás todo encorvado y cayó al duelo. Cuando Nemesio se disponÃa a darle con el tacón cubano en toda la taleguilla, Joey agarró un buen puñado de tierra del suelo y se la arrojó a los ojos.
(Que sÃ, que sÃ, que la escena era dentro de saloón y no en la calle, pero es que por aquel local jamás pasó una escoba.)
Nemesio se quedó cegado y Joey aprovechó para romper sobre sus espaldas dos mesas, quince sillas y un piano. Mas, de entre la leña surgió la mano diestra de Nemesio, rodando su revólver ya sin problemas de rozaduras porque se habÃa aplicado un esparadrapo, y un certero disparo fulminó al incauto de Joey.
Nemesio emergió de entre las maderas rotas y se sacudió el polvo con parsimonia. Miro chulesco a la parroquia y se pidió otra de whisky.
(Continuará)
(Anda, qué rápido continúa. Si no he podido ni ir a mear. A ver si aprenden los de la tele.)
De una de las mesas se levantó un tipo rechoncho y desaliñado. Era Sam-Pocoseso-Kid. Se aproximó con temor a Nemesio y le dijo al barman que esa botella la pagaba él.
-Eres un pistolero muy hábil, forastero.
-Eso has visto. ¿Alguna pega?.
-Oh, no, no, en absoluto. Sólo que...
-¿Sólo que qué?.
-Que en esta ciudad se están dando unos abusos intolerables. El sheriff John-Floherty-Kid y el mismÃsimo juez Adam-Delaquestion-Kid nos tienen a todos bajo yugo. Se están apropiando de las tierras y ya es suya hasta la vieja mina de oro.
Y a los que nos oponemos a sus fechorÃas, nos hacen todo tipo de vilezas.
-Lo que me cuentas es lo normal en el far west.
-Pero alguien deberÃa hacer algo, ¿no crees?.
-SÃ, bien, te compadezco, pero yo lo que quiero es ser forajido, por eso me he cargado al pianista y a su hijo. No entraba en mis planes ser héroe justiciero.
-Bueno, es una lástima.
De todos modos, Sam le ofreció hospedaje en su humilde ranchito y Nemesio aceptó. Necesitaba un buen baño, una olla de cocido de vaca con patatas y un buen café de puchero.
Sam vivÃa solo. Los sicarios del sheriff y el juez habÃan repatriado a México a su esposa y sus tres hijos Rosario, Rosario y Rosario, argumentando que eran emigrantes ilegales. La ciudad de Townville City ostentaba el triste récord de ser la de mayor Ãndice de mortandad en todo el oeste. Connor-Verytorpe-Kid, por ejemplo, llegó a ser asesinado hasta tres veces en el mismo año.
Cuando fueron a entrar al rancho las cercas estaban derribadas. Las reses deambulaban de acá para allá desperdigadas. Desmontaron alarmados y fueron entrando con el revólver dispuesto.
No se escuchaba nada. En la puerta de la cabaña habÃa un letrero. "Vende ya tus tierras y lárgate, Sam."
-!Malditos bastardos.!- Dijo el pobre hombre.
Penetraron con sigilo en la estancia. El inclemente sol de la tarde iluminaba de soslayo, proyectando sobre el desastre sombras diagonales.
Sam miraba al suelo. Todo roto, pateado, revuelto, !qué destrozo!.
Fue entonces cuando Nemesio Kid vió que de la lámpara de techo colgaban dos siluetas pequeñitas. Advirtió de ello a Sam y éste las miró.
Sam aulló como un lobo en llamas.
-!Cabrones, cabrones!
-¿Qué pasa?- Preguntó Nemesio
-!Han ahorcado a mis dos ratones de compañÃa, mis queridas mascotas. Oh, es horrible!.
Aquello sà que parecÃa afectarle sobremanera. Les tendrÃa cariño o algo.
Para que se le fuera pasando el disgusto, Nemesio lo llevó del brazo a comprobar el estado de las cuadras, pero aún fue más dantesco lo que les habÃan hecho a los nobles equinos. Esos canallas habÃan apaleado a los caballos y violado a las yeguas. Sólo se salvó un caballo, digamos peculiar, llamado RelampaguÃn que estaba tembloroso subido a un tabuerete, como una cabra de gitanos.
Recompusieron como pudieron las cercas y cancelas y como no quedaba nada que comer, ni un triste café que llevarse al gaznate, se hicieron al fuego una infusión de boñiga seca.
Durmieron en lo que antes fueran camastros y a la mañana siguiente Sam se levantó temprano y se fue al pie del centenario roble con lágrimas en los ojos.
Nemesio se desperezó y salió al exterior. Vio a Sam arrodillado y se aproximó.
Sam habÃa cavado dos minúsculas tumbitas y habÃa dado cristiana sepultura a su pareja de ratones.
Nemesio pese a ser tan duro, no pudo reprimir un asalto de congoja cuando vio las diminutas lápidas con esos dos nombres: "Hámster y Grettel".
Mientras Sam rezaba, Nemesio que era ateo por parte de madre, se alejó al campo abierto para practicar tiro.
Era tan bueno en eso, que ya habÃa superado lo de tirarle a latas o ramas o centavos volando. Ahora Nemesio sacaba su revólver, lo giraba y lo lanzaba bien alto, entonces cogÃa un dólar de oro del bolsillo y le pegaba un monedazo al revólver mientras rodaba por los aires; el dólar golpeaba exactamente en el gatillo del arma y de ésta salÃa una bala que atravesaba una lata que entretanto Nemesio habÃa elevado de un puntapié. A ver quien lo mejora.
Dos horas más tarde Nemesio Kid y Sam cabalgaban por el polvo de Townville City en busca del sheriff y del juez.
No estaban en la ciudad. Se habÃan ido a quemar ranchos hasta la hora de la comida.
Subieron al campanario, otearon en derredor y vieron una columna de humo en el horizonte. Era la propiedad de Timoty-Santafé-Kid, el pastor anglicano. Ese individuo era pastor de ganado, pero le decÃan el anglicano por su origen británico y su pelo blanco.
A galope tendido se presentaron en la hacienda inflamada. El cadáver del pastor estaba practicamente muerto.
Doce sicarios lo quemaban todo a su paso mientras el juez y el sheriff observaban el espectáculo desde sendas mecedoras con beatÃfica sonrisa.
Nemesio ordenó a Sam:
-Tú te encargas de los sicarios y del juez; que del sheriff me ocupo yo.
Naturalmente a Sam se lo cargaron en seis segundos con ocho décimas. Una marca difÃcil de batir.
Nemesio sacó su revólver modelo familiar con tambor de catorce balas y se liró rodando como un tronco por el suelo, asignando una muerte a cada bala.
Nemesio era tan rápido que se le apelotonaban las balas en el cañon del revólver. No daba abasto el arma, con lo cual después de acabar con los sicarios, el revólver le estalló en la mano.
-!Arrgg, maldita sea, qué mala suerte!.
Cuando ya casi los tenÃa, el sheriff le acertó un balazo en la pierna derecha; pero como Nemesio tenÃa otra, huyó dando saltitos.
Con la mano hecha polvo y la pata ranca, Nemesio recurrió a su cuchillo montero de filo estriado y con la zurda lo lanzó hacia el juez al que ya casi tenÃa detrás. No se lo clavó porque nuestro héroe con el cuchillo era un verdadero petardo, pero eso sÃ, le dio un mangazo en las sienes al perseguidor que lo dejó sin sentido.
El sheriff se buscó abrigo tras una roca y desde allà impactó tres balas en el pecho de Nemesio, que cayó como un saco al que le hubiesen impactado tres tiros.
Apenas le quedaba resuello. SabÃa que era el fin. Ya no tenÃa fuerzas, ya no sentÃa sus cuartos inferiores, ya se morÃa.
El sheriff criminal se le acercó con desconfianza y le dijo:
-No elegiste bien a tu enemigo, forastero.
Con su rifle apuntó a la frente de Nemesio dispuesto a darle el tiro de gracia; pero Nemesio con su mano sana a través del bolsillo del pantalón que llevaba sin forro, llegó hasta una pequeña pistola marca Derringer que llevaba sujeta al liguero. (SÃ, Nemesio llevaba ligas. Nadie es perfecto.) Y le pegó un tiro en el ojo al sheriff.
Le acertó en el ojo derecho o en el izquierdo. Nemesio ante la duda, le pegó otro tiro en el ojo que quedaba, y asà el criminal y corrupto sheriff cayó fulminado.
Minutos después Nemesio-Sinmote-Kid morÃa mirando a cámara y todo se fundÃa en negro.
The end.
(Esto es un guión que yo le envié hace unos años al papanatas de Kevin Kostner, y el mamonazo no lo quiso ni leer. Qué malo que es el Kevin Kostner.)
ete cuento eta mu bien, un poc largu pero mu bien Me he imaginado alguna escena y la verdad es que me he reido, aunque siempre me cuentas cosas y ya no me hace tanta gracia como pudiera hacerme sin saber nada Adelante sigue asÃ........... Adivinas quien soy ?????