Esta historia que les voy a relatar es corta pero trae un mensaje sobre todo para aquellas personas que han dejado de tener fé.
Hace algunos años, cuando yo apenas era una niña, mi mamá me compró un globo de helio tan común y corriente como cualquier otro, asà que me vino a la mente la idea de mandarle una carta a Dios, sólo que tenÃa un problema: a mis recién 4 años cumplidos, todavÃa no sabÃa leer ni escribir, asà que le pregunte a mi mamá:
-Mamá, ¿ tu crees que si le mando una carta a Dios entienda que es lo que quiero decir aunque no sepa escribir?
A lo que ella respondió:
-Por supuesto! Dios siempre entiende el alma pura de los niños, comprende su lenguaje y a veces les responde.
Asà que no esperé más y tomé una hoja de papel la cual rayé mil garabatos con crayolas de colores, la amarré cuidadosamente al cordón del globo y bajé corriendo las escaleras del edificio sin siquiera percatarme que mi mamá salió detrás de mi gritando que me esperara.
A pesar de que era de noche, se podÃa apreciar claramente que el cielo estaba despejado, era una noche muy obscura de verano calurosa y en dÃas anteriores no habÃa caÃdo una gota de lluvia ni habÃa indicios de ella,
La verdad es que no pude esperar a encontrar un lugar lejos de los postes y árboles que pudieran interferir, asà que solté el globo el cual se fue alejando poco a poco entre los edificios hasta empezar a perderse en la obscuridad de la noche; para mi todo habÃa terminado ahà aunque mi madre no dejaba de decirme que debà haberme esperado a que buscáramos un lugar mejor para dejar ir el globo.
De repente, cuando pensé haber perdido de vista el globo por completo, ahÃ, donde lo perdÃ, en ese pedazo de cielo, apareció un rayo el cual iluminó el cielo, fueron tan sólo milésimas de segundo lo que debió haber durado, pero mi madre y yo lo vimos y nos quedamos perplejas y en ese momento no entendà lo que sucedÃa hasta que mi madre conmovida me dijo:
-Ves? Te respondió, ya recibió tu carta.
Y mi felicidad fue inmensa, porque creà en el...
Ahora, después de algunos años en los que tu alma se vuelve más susceptible a lo vano y mundano, en los que comienzas a olvidarte de Dios y piensas que en los problemas es cuando más te ha abandonado, me doy cuenta de que siempre te responde, te dá señales, de cualquier forma te hace ver que su luz siempre te va a iluminar y yo no necesito más señales que las que me dá a diario: ver a mi hijo sonreÃr y darme cuenta que la mayor señal de amor que puede darte aquÃ, en la tierra, es permitirte amar a un ser tan especial (como lo es un hijo).
Y cuando mi hijo crezca un poco más le contaré ésta historia que me marcó y significó una parte muy importante de mi infancia.
Dios te dice: AUN EN LA PEOR OBSCURIDAD, AHÃ ESTOY YO...