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La central de mando interestelar de Traksulah nunca habÃa sido tan importante desde su alzamiento, mas allá de la paranoia de Tidriso por los mlodharianos, ésta se mantenia normalizada. Pero esta normalidad cambió dramáticamente para todo el mundo una vez que las naves partieron, la central operaba a máxima potencia todo el dÃa y todos los dÃas, los operarios; seres que habÃan arribado Traksulah hacia unos años, vivian dentro. No hacÃan más que solo interactuar con la cruenta maquinaria y obedecer las ordenes del general Hoorhi, la mano derecha de Tidriso. Y como era de esperarse, éste último la visitaba tres veces al dÃa.. A pesar de tener en cada uno de sus salones un holomograma que mostraba absolutamente todos los detalles y los informes de la misión.
-¿Algún reporte general Hoorhi?
-No mi señor. Todos los procedimientos siguen en marcha, pero aún no hay informes sobre posibles pistas.
-¿Usted cree que los encontremos?
-No estoy seguro de eso, mi señor. Pero si creo que usted deberÃa relajarse un poco.. -Pensó en algo adecuado para comentar y continuó- Usted debe gobernar un mundo. El mundo que reconstruyó, le advierto que si vuelca toda su atención en esto, las masas van a seguir oponiendose. Usted no quiere eso.
Tidriso hizo una mueca de incertidumbre, pensando en lo escuchado, y finalmente contesto - Usted tiene razón general. Pero las masas no. Al fin y al cabo éste mundo no nos pertenece ni a usted, ni a ellos ni a mi. DeberÃan, aunque un poco sea, tomar partido de esto y darse cuenta, que los traksulianos hacen a este mundo lo que es, incluso en su ausencia. Fijese, salga y observe - él le guió hasta una de las salidas exteriores donde se podÃa apreciar hacia la derecha, un explendido valle cubierto de flora silvestre y un tanto exótica; una de las ultimas bellezas sin iguales que aún vivian en las cercanÃas. A la izquierda se anteponÃa el comienzo de la ciudad capital que arrasaba todo tipo de vida natural, una explendida obra de ingenierÃa ideada por centenares de razas. Tidriso animó a su segundo a ver detenidamente aquello. Luego dijo - Vea, general. Traksulah está peor que antes. Traksulah no es más Traksulah.. - Su compañero tardó unos segundos, pero trágicamente descubrió lo que Tidriso le explicó, su rostro indiferente se transformó en un amargo gesto de culpabilidad.-
Ninguno habló. Solo meditaban profundamente sobre el destino, las cosas estaban bien, pero no asà el alma de la cabeza del mundo..
Unos cuantos cientos de kilometros al oeste, hacÃa presencia un olvidado puesto de avanzada que monitoreaba ondas electromagnéticas en el interior como en el exterior del planeta, su campo electromagnético y las ondas no identificadas que pudieran surgir en el sistema. Allà trabajaba un descuidado eudrasiano temeroso de compañÃa, contento de permanecer frente a los anticuados computadores de algorÃtmos hÃbridos monitoreando señales que que nunca cambiaban. Su rutina era distinta todos los dÃas, de este modo la locura se mantenÃa lejos de él. Hoy tocaba analizar los datos de impulsos magnéticos no identificados en cada vector del sistema Drakmaff, tarea compleja que requerÃa de todas las neuronas posibles.
Luego de unas horas de analisis cuidadosos, detectó una masiva concentración de energÃa electromagnética en el borde del sistema. Sus dos corazones comenzarón a latir abruptamente rápido. Comenzó a dolerle la garganta. Quizá por la presión de la sangre.. Quizá porque simplemente sabÃa lo que eso significaba.
Comprobó una vez mas los datos y lo dió por hecho. A continuación fue a por un transmisor de radio y llamó a la ciudad capitál en un canal militar de máxima prioridad.
- Aquà comando radial Traksulah_Drakmaff, ¿Cuál es su informe puesto siete o.....- Antes que pudiera terminar la frase, el eudrasiano contestó imprudente -
- !Comunicado urgente para Milá Tidriso, máxima prioridad, YA!
Intensos minutos pasaron, minutos que carcomÃan el alma del pobre eudrasiano que ya no tenÃa manera alguna de contener el pánico. Pero finalmente Tidriso contestó desde el otro lado y su voz fue reconfortante en cierto modo.
- ¿Cuál es la urgencia puesto siete ocho siete?- Preguntó Tidriso de mala manera, él estaba atendiendo asuntos privados con su amada.. Asuntos muy privados. De manera que su ira se podÃa sentir por el radio transmisor.-
- ¡Mi señor! He analizado los datos magnéticos del sistema. Hay una fuerte manipulación en los campos gravitatorios, señor..
-¿Y qué con eso? - Gruñó Tidriso-
- Solo hay una tecnologÃa capaz de tal cosa.. - Bien terminó de hablar, ambos escucharon estampÃdos sónicos que comenzaron a retumbar en cada célula de sus respectivos cuerpos. La conexión por rádio fue perdiendo intensidad progresivamente y dejaron de escucharse.
Todo el planeta se detuvo. No por muerte, sino por expectación ante el colosal arribo de las estructuras negras y cuadradas que inundaban el cielo imponentemente. En la ciudad capitál todo ser dejó de hacer lo que fuera que estuviese haciendo. Todos con la cabeza hacia el cielo como marionetas de trapo.
- !Milá Tidriso! Es una invasión, debe preparar las defensas ¡pero ya! - Gritó uno de los comandantes que junto a él se desplegaba en la central de comando. Allà estaban reunidos todos los comandantes de las fuerzas armadas, comandos de asalto rápido, y por su puesto, el general Hoorhi.
- No lo creo. - Asintió Hoorhi - No creo que se trate de una invasión, vean - desplegó una holomoimagen y señaló - Se han detenido. -
Tidriso contenÃa en sus adentros el miedo y nerviosismo. TenÃa bien en claro lo que pasaba, eran los mlodharianos. Él recordaba muy en su interior como ellos habÃan llegado a su mundo hace mucho tiempo. Lo extraño fue ver las estructuras flotar. Anteriormente las habÃa visto hacer contacto con el suelo.
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