Me encontraba solo, echado en la cama de mi habitación a punto de conciliar el sueño, de pronto sentí que su suave presencia invadía en silencio la privacidad de lecho. Me hice el desentendido para ignorar su presencia, y seguir en mi afán de dejarme dominar enteramente por el sueño. De repente sentí que sin permiso fue invadiendo cada parte de mi cuerpo, el cual recorría palmo a palmo; entonces sin darme cuenta mi cuerpo poco a poco iba entrando en calor, elevando mi temperatura corporal hasta límites insospechados. Ante tanto atrevimiento, hice lo que debí haber hecho desde el comienzo, levantarme de la cama y deslizar la cortina de la abierta ventana para que la luz del sol no me molestara y poder al fin dormir tranquilamente mi siesta.
Bueno, le dire que empece a leerlo y fue tomando un aire así como erótico, pero para sorpresa mía nada, era el sol. Quien lo poseía. Mis mas sincera admiración.