Miro mis manos que ya no son tan tersas. Ni viejas, ni jóvenes. Son manos que aún no piden relevo y son ya muchas las jornadas que llevan sobre sí.
Las contemplo otra vez, diríase que han vivido ausentes de mi cuerpo. A veces fueron ágiles, casi volaron, y otras, haya en tiempos pasados fueron tímidas al tacto inesperado.
Mecieron cunas y vistieron novias, batieron palmas y juntas suplicaron. Hay en su piel impresos mil olores y aún reciben y dan tiernas caricias.
¡Cuánto han hecho por mí!
Permíteme Señor que a Tu presencia no las lleve vacías.