Un extraño sueño esta mañana me despertó.
Caminábamos por un estrecho sendero, parecía muy estrecho, ibamos juntos pero no nos tocábamos, simplemente caminábamos uno al lado del otro. De repente tus ojos comenzaban a llorar, yo te miraba pero no podía preguntarte nada, es como si ya supiera lo que sucedía y simplemente... te acompañaba. Anduvimos un buen trecho de este angosto camino que no parecía llevarnos a ninguna parte. De pronto te paraste, fue tan brusco tu gesto que yo me paré de inmediato asustada. Miraste hacia un lado y dedicándome una sonrisa giraste tus pasos y te encaminaste hacia un precipicio. Yo, sorprendida, buscaba la forma de decirte algo, pero nada podía expresar, no podía hablarte, tampoco podía moverme de donde me había parado, algo me impedía emitir palabras, te las decía por dentro pero ningún sonido de mi boca podía salir. Tú seguiste caminando de espaldas a mis gestos, no podías ver ni mis ojos suplicantes ni mis manos que buscaban imperiosas alcanzarte para retenerte, tú solamente seguías caminando. En un punto ya muy distante, te detuviste; yo no quería mirar, no quería entender. Tú, con decisión te encaminaste al precipicio, cerré los ojos y esperé, imaginando que oiría un grito desgarrador, alguien cayendo a un vacío, un grito desgarrador que probablemente me desgarrara el alma... algo que no podía evitar de ninguna forma. Pero nada escuché. Pasaron unos segundos y nada escuchaba... pasado un tiempo más con lentitud fui abriendo los ojos y...
allí estabas tú! delante de mi!, en una de tus manos llevabas... una bella flor de color verde y puntas de hojas amarillas, era una flor pequeña y estiraste tu mano como un signo claro de querer dármela. Yo recogí la flor pero no toqué tu mano, simplemente sostuve por el tallo la belleza que me entregabas. Suspiré y entonces me salieron estas palabras: Qué susto me has dado... creí que... no vuelvas a hacerlo por favor, creí que... creí que te perdía para siempre! Pero tú, simplemente sonreiste y me preguntaste ¿me das la mano?
pero entonces, al tiempo de escuchar tu voz y ver tu mano extendida hacia la mía sentí un sudor frío, mis palabras de nuevo se enquistaban en la garganta, nada podía decirte, mi mano se había quedado como petrificada, una lágrima me rodó por la mejilla ante la desesperación de no poder contestarte, de no poder moverme. Nada pude decirte pero no sabía porqué me quedaba tan paralizada. Quería hablarte, extenderte mi mano pero no podía. Tú me mirabas con extrañeza, como si no comprendieras porqué yo no te contestaba, porque no hacía ningún gesto.
Nos miramos unos segundos más y tú sin mediar más palabra estiraste tu mano pero simplemente para recoger de mi mano aquella flor. Yo miré mi mano, miré la ausencia que me habías dejado de aquella flor y sentí un vacío muy grande, fue algo extraño. Tú me miraste con tristeza, una tristeza en tus ojos me traspasó como si estuviera viendo los ojos de tu alma, me traspasó una pena que no podría describir...
Fue entonces cuando me hiciste la gran pregunta, esa gran pregunta que me despertó esta mañana.
una gran pregunta que de saber su respuesta mi alma saldría de mi cuerpo y correría a reunirse contigo sin importar ya ninguna tristeza terrenal:
¿me seguirás recordando??
Desperté sin dar respuesta, sudaba, mi corazón iba a mil... me incorporé en la cama, sin saber muy bien porqué, sonreí como si realmente entendiera algo, de mis labios surgió esa pregunta sin ninguna interrogación, al pronunciarla era como si realmente con una misma frase te diera la respuesta: me seguirás recordando.
----------------
A veces busco un imposible, lograr a través de unos cuentos o incluso de mis propios sueños que superes un pasado, que mires tu presente, que te sientas a gusto solo con tu día a día, que no arrebates de unas manos que no saben alcanzarte... una simple flor que una vez regalaste con amor.