Te he amado de tal manera, que convencido estoy de que soy otro, y no me pesa
¿recuerdas como solía ir a beber con mis amigos? Ya ni me acuerdo de la última vez,
al pasar frente al viejo bar de los almendros, sus puertas basculantes no me hablan como antes, su luz roja colgada en el portachuelo no me invita, ni las voces melosas que se oyen allá adentro.
¿Recuerdas que solía ir al cine los domingos? Pues si te digo a que huelen las palomitas de maíz seguro que te miento, el bullicioso momento a la entrada del salón, las papitas, los refrescos nada son, solo un vago recuerdo que navega en el silencio.
Y pensar que todas estas cosas que parecían maravillosas las he cambiado por el mágico momento de vivir muy junto a ti, respirando de tu aliento, sofocando los suspiros, acallando los lamentos, apagando fogosidades que arden muy adentro, y no me pesa amada mía, yo soy otro y no me pesa, me imagino que si salgo al terrible mundo de tu ausencia, me hallaré rodeado de grupos, ruidos y portentos, volverán violentamente las algarabías con sus vientos de sano solaz y esparcimiento, más ¿Quien llenará entonces el terrible vacío que en mi pecho solo pudiste llenar tú con tus besos?